REVISTA MUFACE. Nº 244. VERANO 2018
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Área Salud
Unos nueve millones de españoles conviven a diario con la contaminación acústica

Ruido: la amenaza “silenciosa”

En torno a 130 millones de personas, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), están expuestas a niveles de ruido por encima del límite de los 65 decibelios (dB). En nuestro país, el segundo más ruidoso tras Japón, unos nueve millones de personas (más de un 20% de la población) padecen la contaminación acústica, cuya principal consecuencia, aparte de la hipoacusia y la sordera, son los problemas de corazón. La buena noticia es que la mitad de todos estos casos podría prevenirse.

J. BARBERÁ
Ruido: la amenaza “silenciosa”

No se ve, no se huele y, a veces, como las emisiones de baja frecuencia, ni se siente. Nos referimos al ruido: un tipo de contaminación que tiene más consecuencias negativas para la salud de lo que parece. Si establecemos como límite de ruido patológico los 65 decibelios (dB), aunque ahora la Unión Europea ha reducido ese límite hasta 55 dB durante el día y 45 dB durante la noche, más de nueve millones de españoles estarían en riesgo serio de sufrir trastornos auditivos y otros problemas de salud. Un país, el nuestro, que es el segundo más ruidoso del mundo después de Japón, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En Europa, la OMS calcula que existen casi 100 millones de habitantes sometidos a ruido excesivo y, en todo el mundo, unos 360 millones están afectados por este tipo de contaminación. Contaminación que no solo se produce en los países desarrollados, sino, sobre todo, en los que están en vías de desarrollo. De hecho, estos países soportan niveles de 75 a 80 dB durante las 24 horas del día. Como se destaca desde esta organización en un informe de 2011, a la contaminación acústica no se le presta la debida atención y, sin embargo, el 40% de la población de los países de la Unión Europea (UE) está expuesto a niveles de ruido de tráfico superiores a 55 dB, lo que se ha traducido en la pérdida de 61.000 años de vida saludable por incapacidad (DALY). Por eso, no es extraño que la contaminación acústica sea una de las mayores preocupaciones de salud en las áreas urbanas de los países desarrollados.

La contaminación acústica es un enemigo, valga la paradoja, silencioso, en cuanto a que casi no se le presta atención como elemento patológico. Eso es así porque hablamos de un contaminante que necesita poca energía para ser emitido, no deja residuos ni se acumula en el medio como el CO2, por ejemplo, aunque sí se acumula en el organismo humano. Por otro lado, tiene un radio de acción limitado, no se transmite a través del aire o el agua, y se percibe por el oído, lo que lleva a subestimar su amenaza que, en el caso del agua, por ejemplo, dispararía las alarmas con su olor, sabor o mal aspecto.

Más de 1.000 millones de jóvenes en el mundo están en riesgo de sufrir pérdida auditiva por exceso de decibelios en los lugares de ocio y por uso de auriculares en receptores de música o smartphones

Estragos en la salud

Sin embargo, produce tantos estragos o más sobre la salud que la contaminación química. De hecho, el Observatorio de Salud y Medioambiente de la Comunidad de Madrid estima que se podrían prevenir 312 muertes anuales entre los mayores de 65 años con solo reducir en 0,5 decibelios (dB) los niveles de ruido diario medio anual por tráfico. De ellas, 145 serían por causas cardiovasculares y otras 97 por causas respiratorias.

Como suele ser habitual, niños y ancianos son los más afectados por exposición a contaminantes, pero en este caso, se les une el grupo de los adolescentes y jóvenes formando la base de un formidable iceberg. La OMS calcula que existen más de 1.000 millones de jóvenes en el mundo que están en riesgo de sufrir distintos niveles de pérdida auditiva por exposición a un exceso de decibelios en los lugares de ocio, por el uso de auriculares en receptores de música y smartphones y por frecuentar bares, discotecas y eventos deportivos que emiten altísimos niveles de ruido.

Pero ¿qué efectos nocivos tiene y cómo actúa el ruido sobre el organismo humano? A nivel auditivo, produce pérdidas paulatinas no solo de la capacidad de oír, sino de entender lo que se oye. Entre las causas no auditivas, la más relevante es el incremento en el riesgo de padecer accidentes cardio y cerebrovasculares. Numerosos estudios han demostrado ya que la contaminación acústica eleva la tensión arterial y la arteriosclerosis, además de producir estrés a través de la activación de distintas hormonas que estrechan el calibre de los vasos sanguíneos, entre otras variables que tienen que ver con la aparición de infartos de miocardio. Según datos del Informe de Ruido y Salud DKV-GAES, en las zonas ruidosas, por cada decibelio por encima de los 65 dB, se incrementan los ingresos hospitalarios en un 5,3%, especialmente por causas cardiovasculares.

Cristina Linares, investigadora del departamento de Bioestadística y Epidemiología de la Escuela Nacional de Sanidad, quien, junto a otros investigadores, realizó en 2016 un completo informe sobre el efecto del ruido urbano, en concreto en Madrid, añade que un estudio realizado en Francia sobre 2.000 personas sometidas a niveles de ruido superiores a 85 dB mostró que los expuestos presentaban un 12% más de problemas cardiovasculares, un 37% más de problemas neurológicos y un 10% más de problemas digestivos. Otro estudio similar, realizado con personas en las proximidades del aeropuerto de Los Ángeles, mostró un aumento del 18% sobre la media de enfermedades vasculares con resultado de muerte. Asimismo, ya existen datos epidemiológicos que relacionan el ruido ambiental con la aparición de problemas psiquiátricos.

Educación y empleo

Por si estas razones no fueran suficientes para que tomemos muy en serio esta amenaza, la contaminación acústica también tiene consecuencias para la educación y el empleo. Distintos estudios, uno de ellos realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, demostró que los niños que estudian en colegios que están cerca de una carretera, industria, estación o de una fuente de ruido contaminante aprenden más tarde a leer, son más agresivos, se reduce su concentración y su atención y manifiestan mayores niveles de fatiga. En Madrid, por ejemplo, que es una de las ciudades más ruidosas de España, cuatro de cada diez colegios se encuentran expuestos a niveles excesivos de ruidos.

La buena noticia es que se puede prevenir y que esta prevención tiene premio. Como se afirma en el informe sobre ruido realizado por la Escuela Nacional de Sanidad, la reducción de 1dB en los niveles de ruido diurno en Madrid se traduciría en una disminución de la mortalidad por causas cardiovasculares de 284 personas al año y de 184 por causas respiratorias.

Finalmente, también es preciso cambiar la mentalidad sobre el ruido, entendiendo que ya no es solo un problema de salud laboral sino un problema ambiental y, por tanto, que ha pasado de afectar a un grupo reducido de trabajadores a ser un problema de salud pública que implica a millones de personas.

Fotografías
Ruido: la amenaza “silenciosa” 01

Es preciso cambiar la mentalidad sobre el ruido, entendiendo que ya no es solo un problema de salud laboral sino un problema ambiental

Niveles de ruido

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¿Cuánto ruido podemos soportar sin que sea perjudicial? De manera general, 85 dB durante ocho horas y 100 dB no más de 15 minutos. Pero ¿sabemos el ruido que emiten las fuentes con las que convivimos?

De 10 a 30 dB. Este nivel de ruido se considera bajo y es el que se produce, por ejemplo, en una conversación en una biblioteca o en sottovoce.

De 30 dB a 50 dB. Este es el ruido que se produce en una conversación normal.

De 55 a 75 dB. Ya se considera un nivel de ruido importante, y más teniendo en cuenta que el límite patológico está en 65 dB, que es precisamente el ruido que emite una aspiradora, una batidora o una tele con el volumen alto.

De 75 dB a 100 dB. Es un nivel alto de ruido que puede producir molestias. Un atasco de tráfico son 90 dB, una sirena de ambulancia y una taladradora de calle puede estar por encima de los 100 dB.

De 100 dB a 120 dB. Es un nivel muy alto. Dentro de una discoteca estamos a unos 110 dB, las taladradoras generan 120 dB, igual que el claxon de los vehículos o un concierto de rock.

A partir de 120 dB. El oído humano entra en el umbral del dolor y hay riesgo de sordera. Es, por ejemplo, el ruido del despegue de un avión a menos de 25 metros, o el de un petardo que estalla cerca.

El sonido o el ruido se vuelve perjudicial a partir de los 75 dB y aparece dolor a partir de los 120 dB, aproximadamente (depende de la sensibilidad de cada persona). El oído necesita algo más de 16 horas de reposo para compensar dos horas de exposición a 100 dB y si se llega a los 180 dB incluso puede llegar a causar la muerte.

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