REVISTA MUFACE. Nº 244. VERANO 2018
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Área de mayores
El papel de los jubilados en la despoblación

Volver al pueblo

Al llegar a la jubilación, muchas personas deciden regresar a su pueblo para disfrutar de una vida más relajada con los familiares y paisanos que dejaron al emigrar en busca de un futuro mejor. Sin embargo, son pocos los que se animan a residir todo el año en su municipio. La carencia de servicios, principalmente asistenciales y de salud, impiden el asentamiento de este colectivo que contribuye a evitar el despoblamiento. Los expertos en desarrollo rural coinciden en señalar que es necesario solventar sus necesidades e incluirlos en las agendas políticas y de los grupos locales para evitar que los pueblos pierdan población.

LOURDES S. VILLACASTÍN
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Un 55% de las personas del mundo vive actualmente en la ciudad y en 2050 se prevé que sea el 68%, según los informes de Naciones Unidas. España no es ajena a esta realidad y desde los años cincuenta del siglo XX ha visto cómo sus pueblos se han ido quedando sin habitantes por la falta de expectativas para los jóvenes. Castilla y León y Aragón son las comunidades más afectadas, aunque el despoblamiento de las zonas rurales es un problema que atañe a todo el territorio peninsular. El fenómeno no tiene solo que ver con la emigración, sino también con la caída de la natalidad en nuestro país.

En la actualidad, muchas zonas rurales se sostienen gracias a los mayores y a los jubilados que deciden regresar a sus lugares de origen para disfrutar de su nueva vida pese a que son pocos los que se empadronan o apuestan por vivir más de seis meses en ellos. Los hijos, la falta de asistencia médica, las condiciones de las viviendas y la escasez de actividades sociales son algunas de las razones esgrimidas para no asentarse definitivamente pese a la tranquilidad y bienestar que para ellos supone vivir en un entorno más plácido y conocido.

José Valencia es un buen ejemplo de la nueva generación de jubilados que viven a caballo entre varios municipios de Gran Canaria. En 2010 se retiró de la enseñanza y desde entonces disfruta de largas temporadas en su pueblo natal de La Aldea, una localidad de más de 7.700 habitantes, y en Santa Brígida, con más de 18.200 residentes y a escasos 18 kilómetros de la capital donde también tiene casa, cuando no está viajando fuera. “Prefiero estar en mi pueblo y en la playa que en la capital”, afirma contundente. En La Aldea disfruta de su afición a la pintura y de su familia y amigos, participa de las actividades culturales y forma parte del Consejo Cultural del Patrimonio Intangible que analiza cómo se desarrollan las fiestas patronales para que no pierdan su sabor.

María Sánchez tiene 90 años y está viuda. Vive habitualmente en Madrid y suele pasar cuatro o cinco meses en Pedro Bernardo, una localidad abulense que no llega a los 1.000 habitantes. “Me gustaría vivir allí porque vivo muy tranquila, estoy llanita y salgo enseguida a la calle; no tengo que bajar escaleras, como en Madrid, donde vivo en un cuarto sin ascensor, y, además, todo el mundo me conoce”. Su vida social no es muy activa, pero cada día que sale a la compra o acude el domingo a la parroquia viene a casa con un sinfín de historias sobre las personas que ha saludado. “Soy muy mayor para quedarme sola –vive con una hija–. En invierno, además, en el pueblo no hay nadie”, afirma resignada.

La Administración europea, nacional y regional, así como diversos colectivos, llevan años trabajando para impulsar las zonas rurales con el fin de evitar su despoblamiento como es el caso de la Red Española de Desarrollo Rural, una asociación sin ánimo de lucro que desde 1995 promueve el desarrollo rural integral y sostenible, actuando, además, como interlocutor ante las administraciones europea, estatal y regional. Actualmente, está compuesta por 180 grupos de acción local localizados en Andalucía, Aragón, Castilla y León, Canarias, Cataluña, Cantabria, Islas Baleares, La Rioja, Extremadura, Murcia y País Vasco que promueven actividades de diversa índole relacionadas con el asociacionismo, la agricultura, la artesanía, la educación, las nuevas tecnologías, la ganadería, el turismo, el ocio, el medio ambiente, el patrimonio, la cultura, los productos y servicios locales y la gastronomía.

Para evitar la despoblación, la Administración Pública y los colectivos han apostado siempre por atraer al mundo rural a familias y parejas jóvenes. Sin embargo, en los últimos tiempos se habla también de fijar residentes independientemente del ciclo vital en el que se encuentren las personas a la vista de sus nuevos pobladores. Y en este nuevo enfoque se incluyen los jubilados que regresan al pueblo, que, aunque no activan la natalidad, sí fomentan el consumo y la actividad económica.

Prestar atención

La geógrafa Erica Morales Prieto, cuya tesis de fin de carrera en la Universidad de Valladolid analizó los nuevos pobladores en el medio rural de Castilla y León en las últimas décadas, señala que no se trata de movimientos de gran entidad, pero “por escasos que sean, han de tenerse en cuenta” en las políticas de desarrollo local. “Nos están indicando que existe un cambio de tendencia, una vuelta al medio rural, y no solo por parte de la población más joven, sino de personas de avanzada edad en busca de calidad y de un modo de vida más económico debido a las bajas pensiones”, afirma en relación a los jubilados que optan tanto por vivir de forma autónoma en una casa familiar heredada o comprada, como aquellos que se asientan en las residencias de la Tercera Edad que hay en los municipios rurales.

En su opinión, las deficiencias que existen en el medio rural, y las necesidades que presenta este colectivo, “fundamentalmente asociadas a la necesidad de disfrutar de determinados servicios sanitarios, que en el medio rural son escasos e ineficientes, así como a la falta de acceso a las comunicaciones o las malas condiciones son factores que disminuyen las perspectivas de que se asienten”.

Morales participa actualmente en varios proyectos relacionados con la Tercera Edad y el territorio rural de Castilla y León. Como técnica del clúster AEICE (Agrupación Empresarial para la Construcción Eficiente) colabora junto al clúster SIVI (Soluciones Innovadoras para la Vida Independiente) en el proyecto Age Friendly Environments, que busca mejorar la calidad de vida de las personas y potenciar la accesibilidad a partir de entornos físicos amigables; y también en la iniciativa Duero Douro, cuyo objetivo es maximizar el desarrollo económico y social del tramo que transcurre desde Soria a Oporto para incrementar la calidad de vida de sus habitantes, fijar población y reforzar su identidad territorial. Asimismo, participa en un proyecto dirigido por el profesor Galo Sánchez Sánchez, de la Universidad de Salamanca, para conocer la oferta de ocio relacionada con el ejercicio físico en los municipios de Salamanca y elaborar una guía de buenas prácticas para promover esta actividad, teniendo en cuenta que se trata de un indicador muy importante para el bienestar de las personas.

Morales señala que existen actualmente diversas estrategias, políticas y medidas, así como iniciativas y proyectos, para apoyar e incrementar la calidad del entorno rural, mejorar la vida de los mayores y, por ende, atraer a nuevos pobladores, pero no suelen ser realistas cuando se plasman en el papel.

El director de la cátedra sobre Despoblamiento y Creatividad de la Universidad de Zaragoza, Luis Antonio Sáez Pérez, sostiene que los mayores, independientemente de la situación de autonomía en la que se encuentren, son generadores de economía en los municipios pequeños tanto en el comercio minorista y farmacéutico, en el ocio, en la rehabilitación y mantenimiento de viviendas, como en la promoción de trabajo de empleados del hogar y asistentes, entre otros servicios. “También de cosas menos medibles como ser los motores de asociaciones culturales, de pensionistas y de hacer comunidad. Ese capital social que hoy en día llamamos resilencia”, indica el doctor en Economía, mientras señala que, además, contribuyen al enraizamiento de las nuevas generaciones en el entorno rural cuando se quedan al cuidado de los nietos en verano “y los dejan sueltos por el pueblo”.

Aspectos a favorecer

Sáez plantea que la Administración tiene que desarrollar políticas y ayudas que faciliten que los mayores habiten en los pequeños municipios: mejorar la habitabilidad de las casas con energía sostenible y barata para pasar los duros inviernos; desarrollar el mundo de la domótica y la telemedicina para favorecer la vida autónoma; la movilidad fuera del territorio con el transporte colaborativo; y el acceso a Internet y a la banda ancha, porque hoy en día “es un bien de primera necesidad como el agua corriente o el control de los vertidos”. También favorecer la creación de empresas de servicios sociales, “dignificar el trabajo de las personas que cuidan a los mayores”, y que se utilicen los recursos existentes para la formación y la socialización con diversas actividades y con personas de diversas edades para que los pueblos no se conviertan en guetos.

El director de la primera y única cátedra en España relacionada con la despoblación cree que las zonas rurales mantienen a los mayores más vitales, ya que se encuentran en un entorno más saludable al estar en contacto con la naturaleza y en espacios menos contaminados, además de lo que supone desde el punto de vista mental relacionarse, “hablar y cotillear” y mantener la red de amistades que, a su vez, “refuerza el sistema”. No obstante, advierte que para vivir en poblaciones pequeñas hay que tener también una mentalidad determinada, ya que en los pueblos toca a veces ser el protagonista sin quererlo. “Como falles tú, el santo va cojo”

También es de la opinión de que cada municipio es un mundo, y que no se pueden aplicar las mismas medidas en uno que en otro, como si fueran “mundos estancos”, para afianzar población o para impulsar el desarrollo local. Y en este sentido cree que a veces los pequeños proyectos hacen más que las grandes infraestructuras y las rebajas fiscales que, en ocasiones, se proponen para ello.

Luis Antonio Sáez asegura, sin embargo, que pese a las políticas que se impulsen en los entornos rurales para evitar la despoblación, esta se mantendrá en los próximos años debido a que no existe, ni existirá crecimiento de población en nuestro país. “Menos en África, el resto de los países occidentales va a dejar de crecer en población. Hay que aceptarlo como que te van a salir canas o arrugas. Lo que hay que hacer es conciliar nuestras preferencias con la realidad”. Para el experto, ponerse el objetivo de incrementar el número de habitantes es un falso objetivo, porque no se va a seguir creciendo. Y afirma que “el éxito de una población rural no está en tener más habitantes, sino en que los que vivan allí estén a gusto”, en clara referencia a los pueblos que se han convertido en dormitorio por estar al lado de la ciudad. Asimismo, cree que no se pueden convertir en guetos. “Ni de inmigrantes, ni de personas de una edad, ni porque haya más ricos o más pobres”.

Fotografías
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Castilla y León y Aragón son las comunidades más afectadas por el despoblamiento

La España rural en cifras

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En España existen 8.124 municipios, de los cuales 4.998 tiene menos de 1.000 habitantes, según los datos de 2018 del Instituto Nacional de Estadística. Las comunidades con mayor número de municipios de estas características son Castilla y León (2.003 municipios), Castilla-La Mancha (641) y Aragón (627). Por contra, Canarias (1), Región de Murcia (3) e Islas Baleares (6) son las que menos número de municipios tienen de ese tamaño. Con menos de 100 habitantes, hay registrados en España 1.319 pueblos distribuidos en diversas provincias; la mayoría de ellas pertenecientes a las comunidades de Castilla y León, Aragón, Castilla-La Mancha, La Rioja, Madrid, Cataluña, Navarra y Comunidad Valenciana. En ellos vive un total de 75.939 personas; apenas un 0,16% de los más de 46,5 millones de habitantes empadronados en el Estado a 1 de enero de 2017. De entre 101 y 500 habitantes, hay registrados 2.653 pueblos. En ellos reside un 1,4% del total de la población de España –664.122 personas–. Zamora y Salamanca son las dos provincias españolas con más población residiendo en estos núcleos. 44.784 y 54.109 personas, respectivamente. De entre 501 y 1.000 habitantes, hay contabilizados 1.007 municipios. En ellos habitan 724.667 vecinos.

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Los expertos aseguran que los mayores generan consumo y actividad económica a su alrededor

Estrategia para la despoblación

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Desde 2017, el Gobierno de España se ha marcado el reto de evitar la despoblación en las zonas rurales. Para ello creó el Comisionado para el Reto Demográfico, que también trata de impulsar políticas para incrementar la población. A cargo de dicha entidad, incluida dentro del Ministerio de la Presidencia y para las Administraciones Territoriales, está Edelmira Barreira. Entre las medidas estratégicas que se han incluido en los Presupuestos Generales de 2018 para fomentar la residencia en los espacios rurales de menos de 5.000 habitantes, figura la extensión de la banda ancha en todos los municipios de 2018 a 2021, así como una rebaja fiscal para los autónomos que decidan instalarse en dichos territorios. También facilidades económicas para que los jóvenes compren y rehabiliten viviendas.

En comunidades como Aragón y Castilla y León, con graves problemas de despoblación, también se han puesto en marcha observatorios para impulsar las áreas rurales y combatir la pérdida de población. Precisamente a finales de mayo tenía lugar en Soria un encuentro europeo de la comunidad científica para analizar las políticas que se pueden poner en marcha al respecto. Se trata del programa Espon, financiado por el Fondo de Desarrollo Rural Europeo (Feder). Soria también será el próximo mes de noviembre el punto de encuentro para la II Feria para la Repoblación de la España Vacía (Presura) tras el éxito de la primera convocatoria, en la que diversos colectivos presentaron las oportunidades que ofrecen los espacios rurales, así como las iniciativas que hay en marcha.

El éxito de una población rural no está en tener más habitantes, sino en que sus habitantes vivan a gusto

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