REVISTA MUFACE. Nº 244. VERANO 2018
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Cultura
Jorge Dezcallar

“Hemos hecho guardia en garitas muy raras”

Jubilado de una larga carrera en la diplomacia (la carrera por excelencia), Jorge Dezcallar, que también fue director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), publicó en 2015 un libro de “recuerdos selectivos” de esa amplia experiencia vital y profesional, con un título significativo: Valió la pena. Saca ahora El anticuario de Teherán (Península), más inclinado a lo vital que a lo profesional, ágil mezcla de anécdota y categoría que no desdeña el humor.

Á. VIVAS

No hay una división cronológica ni temática entre ambos libros.

Los dos son biográficos, porque no invento nada. El anterior estaba más centrado en la diplomacia y mi trabajo al frente del CNI. Este trata más de vivencias, de situaciones con las que me he encontrado en mi vida de diplomático, pero no necesariamente relacionadas con el trabajo diplomático. Quería hacer un libro de memorias que no fuera aburrido, un poco anglosajón, contando cosas que me han ocurrido y que puedan tener interés. Esencialmente, es un homenaje a la profesión. Intento explicar lo que hacemos los diplomáticos por encima de los tópicos.

Como que la diplomacia es educación y descanso.

Hay tantos… Que los diplomáticos son más peligrosos cuando trabajan que cuando se divierten, etc. Intento decir en qué situaciones nos encontramos, qué cosas nos pasan. Y que la parte del cóctel y las recepciones es la peor, porque sigues trabajando cuando te apetecería estar en casa, pero es en esas reuniones donde consigues un teléfono que te interesa, un contacto.

Inocencio Arias cuenta que persiguió a Kofi Annan a los urinarios del Bernabéu para arrancarle allí un cargo para el español Miguel Ángel Moratinos.

Yo no he hecho eso, pero he sacado a un ministro de una mezquita para resolver el problema de un empresario español al que habían estafado en Marruecos.

En Marruecos, cuenta en el libro, el embajador español es alguien importante.

En Marruecos, España es una gran potencia. El embajador tiene una capacidad de acceso a centros de poder que no tiene en Estados Unidos. Allí, son siempre China e Israel los países influyentes y luego algún otro dependiendo del momento.

Puede decir usted lo de Don Juan: “yo a los palacios subí, yo a las cabañas bajé”.

Así es. He comido en la vajilla del zar Nicolás II y con los dedos sobre una hoja de higuera, entre indios americanos y prefiriendo no saber lo que estaba comiendo; he dormido en un hotel cochambroso invadido de cucarachas y en una cama de George Bush, he estado en cumbres políticas y en campos de refugiados. Hemos hecho guardia en garitas muy raras.

Y estuvo cerca de asistir a una impagable reunión de bandas mafiosas rivales que se sometían al arbitrio de gente de los servicios secretos italianos.

Me pareció que no debía estar en aquella reunión, pero me he arrepentido. Debió de ser fascinante. No se puede estar en todo.

Lo que está claro es que aquello de Pascal de que todos los males del hombre proceden de no saber permanecer solo y tranquilo en una habitación, no va con usted.

Creo que la soledad electiva, no la impuesta, es el mayor lujo en esta época. Pero a mí me gusta estar con gente, soy gregario, término que en español es negativo, pero no lo es en inglés. No estaría toda la vida en la misma casa, saludando al mismo portero; he preferido cambiar de ambiente, cultura y, no de amigos, porque esos se mantienen siempre, pero sí de conocidos. Soy enormemente curioso y el mundo está lleno de gente interesante. Y como dice Tennessee Williams, viajar no es un destino sino otra forma de ver el mundo.

Entre la muchísima gente interesante que llena su libro, elogia la inteligencia de Andreotti y la elegancia de Mandela.

Andreotti era tremendamente inteligente; siempre frotándose las manos, encorvado, con la mirada baja, solía dar la solución a los problemas que los demás no eran capaces de resolver. Mandela tenía un porte, una elegancia, un señorío y una talla moral que impresionaban mucho. Llenaba con su presencia.

Dice que los americanos no escuchan a nadie, creen que lo saben todo.

Bush iba como el Llanero Solitario. Obama dejó de hacerlo y Trump ha vuelto a las andadas.

Peor, incluso, más aislacionista.

Sí, no escucha ni a los propios.

Y que a los alemanes conviene tenerlos entretenidos.

Creo que sí, porque son demasiado serios. Yo desconfío de la gente seria. Como dice el israelí Amos Oz, ningún fanático tiene sentido del humor.

No espero que nos diga nada de su etapa en el CNI, pero díganos algo del “pequeño Nicolás”.

Es un producto de la picaresca nacional, que enlaza con el Buscón y el Lazarillo; es un personajillo al que no daría ninguna importancia. Él se la da a sí mismo y hay quien se la da, pero dudo mucho de que el CNI haya contado nunca con él para nada. Cuando el CNI busca gente, busca gente seria. En el buen sentido de la palabra.

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Viajar no es un destino sino otra forma de ver el mundo

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Desconfío de la gente seria. Como dice el israelí Amos Oz, ningún fanático tiene sentido del humor

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