REVISTA MUFACE. Nº 244. VERANO 2018
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España, a la cabeza de Europa en agricultura ecológica

España, con Andalucía en primer lugar, seguida de Castilla-La Mancha y Cataluña, es el país con la superficie de agricultura ecológica más grande de Europa y también el principal productor de este tipo de alimentos, cuyo consumo crece exponencialmente entre los ciudadanos.

Aurora Campuzano
Agricultura ecológica

Huelva, con casi 190.000 hectáreas dedicadas a la producción de alimentos ecológicos, es la provincia española que más superficie agrícola dedica a este tipo de alimentos, cada vez más demandados por el consumidor y también más respaldados por las administraciones públicas. De hecho, para la Unión Europea, la producción y el consumo de comida ecológica se ha convertido en una prioridad, hasta el punto de que en el pasado mes de mayo el Parlamento aprobó una normativa para impulsar este tipo de agricultura y asegurarse de que la comida orgánica de “alta calidad” sea la única que se venda en la UE.

En este contexto, España tiene mucho que aportar: somos el principal productor del continente y el quinto del mundo y, aunque nuestros consumidores no encabezan la lista mundial, hemos sido capaces de liderar el mercado europeo gracias a la puesta en marcha de medidas políticas pioneras. Así, el informe hecho público por Eurostat a finales de 2017, coloca a nuestro país en un primer lugar, con 2.100.000 hectáreas dedicadas a la producción de este tipo de alimentos y cerca de 40.000 operadores ecológicos, entre agricultores, elaboradores y distribuidores.

En España la producción se centra sobre todo en frutos secos, como almendras, vino, aceite de oliva y hortalizas

Apoyo al sector

La UE define la agricultura orgánica –o agricultura bio– como “una forma de producir alimentos que respeta los ciclos de vida naturales y minimiza el impacto humano sobre el medio ambiente”. Pero ¿todo lo que se nos ofrece como ecológico lo es realmente? ¿Qué tipo de controles administrativos y sanitarios se aplican a dichos alimentos?

La agricultura ecológica responde a unas características muy concretas. Para empezar, los cultivos se rotan, no se usan pesticidas químicos ni fertilizantes sintéticos, los antibióticos están severamente restringidos y los organismos genéticamente modificados, prohibidos de forma radical. Es un modelo productivo que no solo asegura un buen nivel de calidad a los consumidores, también, y más importante: evita la contaminación de las tierras.

Pero cultivar en este contexto no es fácil. De ahí la nueva normativa europea, que permitirá a granjas y agricultores trabajar en mejores condiciones y responder al mercado produciendo más. Por ejemplo, podrán compaginar la producción de alimentos ecológicos y no ecológicos en las mismas instalaciones –siempre que unos y otros estén diferenciados–, y los pequeños productores tendrán oportunidad de realizar la certificación en grupo para ahorrarse tiempo, trámites y dinero en el proceso.

Eso sí, la reciente legislación, que deberá entrar en vigor en 2021, también recoge controles de seguridad obligatorios durante toda la cadena de producción; así, obligará a los alimentos importados de fuera de la UE a cumplir con los mismos requisitos que los que se generen dentro de nuestro territorio; se podrá producir más, pero también habrá controles añadidos a los ya existentes.

En España la producción se centra sobre todo en frutos secos, como almendras, vino, aceite de oliva y hortalizas, cultivos todos ellos que “reciben ayudas por hectárea cultivada a través de los programas de Desarrollo Rural y las ayudas a la conversión y el mantenimiento que varían según el cultivo y la Comunidad Autónoma”, señala Víctor González, representante de la Sociedad Española de Agrocología (SEAE). El resultado es “un sector consolidado que vive de este modo de producir y que es rentable”.

Este tipo de dieta solo es más saludable que la tradicional si es equilibrada, y no por el simple hecho de ser ecológica

No para todos los bolsillos

¿Somos lo que comemos? Parece ser que sí. De hecho, los estudios más recientes vinculan nuestra dieta alimenticia con los índices de salud y calidad de vida. De ahí que siga creciendo cada día el número de ciudadanos que optan por este tipo de alimentos –considerados más sanos–, sumándose de este modo a modelos de consumo basados no solo en productos ecológicos, sino también en dietas vegetarianas o veganas.

Aun así, queda bastante camino por recorrer si queremos dar el siguiente paso y situarnos también a la cabeza del consumo, porque apostar por los alimentos ecológicos no está al alcance de todos los bolsillos. Pueden resultar caros si se comparan con los obtenidos a través del proceso convencional: productos tan básicos en nuestra cesta de la compra como las naranjas, los tomates o las patatas pueden llegar a triplicar su precio si están acompañados de la etiqueta ecológica correspondiente.

Además, no todo lo que se nos ofrece como ecológico lo es; de ahí que haya que vigilar con esmero el etiquetado que identifica estos productos. En la Unión Europea esos alimentos están regidos por normas específicas y se les asigna un símbolo distintivo obligatorio bajo la denominada “eurohoja”. Su etiqueta ha de reflejar la lista estándar de ingredientes y valores nutricionales, el nombre del productor, del procesador o distribuidor que manejó el producto por última vez y el número de código de la autoridad de certificación nacional, entre otros requisitos.

No todo lo que se ofrece como ecológico lo es, hay que vigilar con esmero el etiquetado

Pero ¿son más saludables?

Como explica Lola Cabañas, miembro del grupo de investigación EPINUT de la Universidad Complutense de Madrid y experta nutricionista, “solo son alimentos ecológicos aquellos que respetan los ciclos naturales sin alterarlos artificialmente, lo que los lleva a tener bajos los niveles de contaminación, porque no han sido expuestos a ningún tipo de pesticida o sustancia química que no sea natural y tampoco han sido modificados genéticamente”. Además, “son productos fáciles de identificar porque son más feos estéticamente, suelen tener deformaciones y, aunque son más caros, tienen un sabor más auténtico”, apostilla esta experta.

Pero realmente ¿son más sanos? Cabañas no se atreve a dar una respuesta tajante: “Son un poco más sanos, pero sobre todo cuentan con mayores valores nutricionales, porque son algo más ricos en vitamina C y en minerales como el hierro y el magnesio; y, en el caso específico de las carnes y pescados, cuentan con omega 3”.

En todo caso, Cabañas asegura que este tipo de dieta solo es más saludable que la tradicional “si es equilibrada, y no por el simple hecho de ser ecológica”. Los parámetros que podemos utilizar para averiguarlo son sencillos: “La mitad de nuestra dieta diaria debe contener verduras y hortalizas; una cuarta parte cereales y/o legumbres; y la otra cuarta, proteínas bajas en grasas. Si se pierde esta proporción, por muy ecológico que sea el menú, no podremos sumarnos a sus beneficios”, explica.

El anuario El mundo de la agricultura ecológica. Estadísticas y tendencias emergentes 2018, que se presentó en la feria internacional BioFach, refleja que la superficie eco en Europa ya alcanza los 13 millones de hectáreas. Los expertos coinciden en que este tipo de producción aportará muchos beneficios a la sociedad y al medio ambiente e incluso soluciones a los problemas de empleo a los que nos enfrentamos. España tiene aquí una excelente oportunidad para el progreso.

Fotografías
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Cada vez más demandados por los consumidores

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La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), con unos 300.000 socios en España, asegura que los alimentos ecológicos son cada vez mejor recibidos por los ciudadanos, aunque sus ventajas nutricionales no están suficientemente demostradas. De hecho, desde la organización se afirma que “los productos ecológicos tienen las mismas características que los no ecológicos, porque los diversos estudios realizados no han encontrado diferencias entre ambos tipos de alimentos”.

Lo que sí reconocen son los positivos efectos medioambientales de este tipo de producción agrícola, “siempre más respetuosa con el medio ambiente que la convencional”. La OCU también afirma que los controles administrativos han surtido efecto, porque “después de un tiempo en el que hubo un gran abuso en el etiquetado, se ha establecido una normativa clara que hoy determina con precisión si estamos ante un producto ecológico o no”.

Sin embargo, la organización alerta de algunos detalles a tener en cuenta: “Las marcas, para intentar diferenciar su producto, pretenden atribuirle a veces características como las de ser natural o artesano, parecidas a las que poseen los alimentos no ecológicos y así hacen pasar por un producto elaborado y no ecológico el que no lo es”.

En cuanto a su precio, la OCU explica que “en España el consumo es aún limitado, sobre todo porque son sensiblemente más caros debido a que los costes de producción son mayores para el agricultor y para la cadena de distribución en general”. Y añade que para favorecer su comercialización “habría que apostar por la proximidad con el consumidor, ya que el coste logístico se lleva una gran parte del coste total del alimento. De esta forma, los productos ecológicos podrían competir mejor con los que no lo son”.

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