REVISTA MUFACE. Nº 243. PRIMAVERA 2018
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Escuela Nacional de Policía: 32 años formando

La Escuela Nacional de Policía, con sede en Ávila, se inauguró en 1986 y a lo largo de sus 32 años de historia ha impartido cursos y programas formativos para el acceso y la promoción de nuestros policías nacionales. En este largo periodo, han pasado por sus aulas unos 62.000 alumnos y hoy es un referente mundial gracias a la calidad de las enseñanzas que imparte.

Aurora Campuzano
Escuela Nacional de Policía

“Servicio, dignidad, entrega y lealtad”. Esa es la leyenda que da la bienvenida a los alumnos que comparecen por vez primera en la Escuela Nacional de Policía. El lema está grabado en la entrada del edificio principal de un espacio de más de 220.000 metros cuadrados, que aglutina no solo las aulas donde estos estudiantes van recibir su formación académica y entrenamiento físico; el recinto acoge laboratorios, aulas de tecnología puntera, una biblioteca, una galería subterránea de tiro, una clínica hospitalaria y hasta un museo, pero de hecho se convierte, durante el periodo de formación, en un hogar para los futuros policías de la Escala Básica y de los que accederán posteriormente a la Escala Ejecutiva de Inspector. No hay que olvidar que la preparación implica convivencia, compartir con otros compañeros muchas experiencias, una forma de vida marcada por el rigor y la disciplina o, más bien, la “autodisciplina”, como señala el propio director de la escuela, el comisario principal, José Luis Tejedor.

Los alumnos de la Escala Básica, aspirantes a policías, reciben durante un año formación presencial y después han de superar un periodo de prácticas en plantillas; los de la Escala de Inspector deben formarse durante dos cursos, a los que hay que añadir el periodo de prácticas preceptivo. Al finalizar, obtienen el título de grado universitario o máster.

En la actualidad cursan estudios 2.614 alumnos para la Escala Básica y 598 para la Escala Ejecutiva, además de otros estudiantes procedentes de la policía local de las comunidades de Castilla y León y de Madrid, una docena de alumnos extranjeros y otros tantos que compaginan su formación en el lugar de trabajo. En total, hoy dependen de la escuela casi 5.000 alumnos.

La pregunta es: ¿por qué alguien decide ser policía? El actual jefe del Departamento de Cultura Física de la Escuela explica que “una gran parte de los alumnos accede por vocación y otros por asegurarse un trabajo pero, al final, todos se impregnan de esa ilusión necesaria para desarrollar una profesión de servicio público”.

Mens sana in corpore sano

El deporte y la formación física desempeñan un papel fundamental en el plan de estudios de la escuela. Por ejemplo, en el Departamento de Cultura Física se imparten dos materias imprescindibles para el trabajo policial: Defensa Personal y Educación Física. Además, se cuida la vertiente académica, de ahí que exista un Departamento de Ciencias Humanísticas, responsable de la formación “que ayuda a los estudiantes a conocer de dónde venimos para saber a dónde queremos llegar”, explica uno de los 159 profesores que integran la escuela y que son seleccionados por concurso de méritos entre los mejores profesionales de la Policía Nacional.

Vocación de servicio

La escuela forma a jóvenes que han superado una dura oposición y que están dispuestos a afrontar una profesión difícil, que cobra su sentido en el servicio a la ciudadanía. Pero dicha vocación no siempre viene marcada por la tradición familiar, como ocurre con Noemí Pariente Rubio, alumna que cursa actualmente estudios en la Escala Básica. Es diplomada en Magisterio y técnico superior en Automoción y la primera de su familia que ha querido ser policía: “Por algún sitio hay que empezar –dice–. Tengo muchos amigos y conocidos dentro del Cuerpo y cuando les transmití la idea de unirme a ellos en lugar de disiparla, me animaron y me apoyaron. Creo que en parte gracias a ese respaldo y a sus buenos consejos he conseguido estar aquí”.

Para esta futura policía, los motivos para emprender este proyecto tienen una respuesta fácil: “Significa cumplir con un sueño. Quiero ser policía porque, esté en la unidad en la que esté y realice el servicio que realice, estaré haciendo algo con lo que pueda ayudar a otros, tanto a ciudadanos como a compañeros, y a mí eso me llena. Es una profesión que exige estar siempre atenta y es diferente al resto porque ningún día es igual al anterior”.

Algo parecido le ocurre a Juan Carlos Escriña, estudiante de primer curso de Ejecutiva, para el que la experiencia de vivir entre las paredes de la Escuela resulta gratificante, aunque reconoce “que nada te prepara para esta sensación de actividad constante, de ir de un lado para otro, de no parar en todo el día. La verdad es que la vida en la Escuela difiere bastante de la vida exterior, sobre todo en algunos detalles: tienes que andar pendiente de los horarios, tienes que ir de uniforme... En esencia, se trata de ser más cuidadoso de lo que uno acostumbra”.

Juan Carlos entró es la Escuela después de obtener el grado en Bioquímica por la Universidad Autónoma de Madrid y un máster en Ciencias Forenses; ahora siente que ha acertado: “Me lo planteé como una posible salida profesional, pero a medida que fui sabiendo más del tema, me empezó a fascinar. Siempre me he identificado con el cumplimiento de las normas, y en esta profesión veo una forma directa de ayudar a la gente, velar por sus derechos, por una pacífica convivencia... y es lo más bonito y gratificante que se puede pedir a una profesión. Esa forma de ver la vida es algo que todos nos llevaremos cuando salgamos de la Escuela”, apostilla.

Convivir en la autodisciplina

La zona de residencia de alumnos la componen nueve edificios de tres o cuatro plantas, con capacidad para albergar a unos 3.000 alumnos. Cuenta con habitaciones para cuatro personas, zonas de estudio, cuatro comedores, dos cafeterías y una zona de ocio donde poder practicar juegos de mesa o ver televisión. Carlos Cambronero estudió en la Escuela en el curso 2012-13. Y pertenece a la XXVIIIª promoción de la Escala Básica. Para él pasar por la escuela y convivir con otros alumnos de forma tan estrecha fue algo enriquecedor y la adaptación, sencilla: “Tuve la suerte de tener un buen compañero de habitación, que es fundamental para una convivencia agradable, ya que son muchos momentos compartidos y una buena relación ayuda a que sean llevaderos. La experiencia supuso una inmersión en el mundo de la Policía Nacional, interiorizando normas, conductas, propias de este Cuerpo Armado Civil”, señala.

Hoy, convertido en policía, recuerda lo aprendido: “Hay que dar la debida respuesta a los ciudadanos que solicitan nuestra ayuda y no olvidar nunca que son nuestra razón de ser. Además, el paso a la realidad de las calles es más sencilla de lo que en principio pensamos cuando estamos estudiando”, explica.

Ruth Nogueira pasó por la Escuela de Ávila en septiembre de 2015 y hoy es policía. Desde su puesto actual –y a pesar de que reconoce que hay momentos mejores y peores–, afirma que “ser policía es la mejor decisión de mi vida, porque trabajar cada día en favor de los ciudadanos, darles respuesta a sus problemas o encontrar a los culpables para ponerlos ante la justicia es una sensación inigualable”.

La Escuela Nacional de Policía sigue formando a estos profesionales dispuestos a cumplir con el principio loable de servir a la sociedad. Pasan unos años en la Escuela y adquieren una formación en valores inspirada en la disciplina o, más bien, como le gusta señalar al director del centro, en una autodisciplina que marcará su labor profesional el resto de la vida.

Fotografías
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El museo de la Escuela Nacional de Policía

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El Museo Policial data del año 1908, aunque el primer antecedente documental, que recoge el nombramiento de Luis Gomara como conservador, está fechado en 1925. Ubicado inicialmente en Madrid, se traslada al recinto de Ávila en la década de los ochenta, coincidiendo con la inauguración de la Escuela. Actualmente ocupa una superficie de más de 1.000 metros cuadrados, distribuidos en cinco salas, y es visitado por más de 8.000 personas al año.

Sus fondos cuentan con más de 4.500 piezas, entre ellas armas, instrumentos de técnica policial de todas las épocas, objetos relacionados con crímenes que conmocionaron a la sociedad, material operativo policial, uniformes, equipos de transmisiones y documentos, obsequios y recuerdos de policías de todo el mundo o efectos donados por las distintas promociones de nuevos policías que se han ido formando en la escuela.

Visitas

Horario de 18 a 21 h de lunes a viernes y de 11 a 13.30 y 17 a 20 h los fines de semana. Las visitas en grupo de más de cuatro personas se deben comunicar previamente a secretaria.direccion.enp@policia.es

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La preparación implica convivencia, compartir con otros compañeros muchas experiencias, una forma de vida marcada por el rigor y la disciplina

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Adquieren una formación en valores, en una autodisciplina que marca su labor profesional el resto de la vida

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