REVISTA MUFACE. Nº 243. PRIMAVERA 2018
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Educación
Francisco López Rupérez, director de la Cátedra de Políticas Educativas de la UCJC

“Una carrera profesional dinámica y bien planificada ayuda a la captación del talento”

Cuenta con una dilatada experiencia en el mundo educativo, donde ha desempeñado cargos de responsabilidad tanto en el Ministerio de Educación como en la Comunidad de Madrid. Presidente del Consejo Escolar del Estado entre 2012 y 2016, Francisco López Rupérez ocupa actualmente la dirección de la cátedra de Políticas Educativas de la Universidad Camilo José Cela.

D. V.
Francisco López Rupérez

Estudios, informes y numerosos expertos ven necesario abordar la cuestión del profesorado para mejorar significativamente nuestra escuela. ¿Cómo lograr atraer a los mejores hacia la docencia?

Una profesión resulta atractiva para los mejores por factores diversos. Disponemos de evidencia empírica sobre estudiantes universitarios estadounidenses brillantes; sabemos que la emulación entre iguales y el reconocimiento de formar parte de un grupo “especial” son elementos clave en la elección de la profesión y una de las razones por las que, a menudo, esos estudiantes evitan la docencia como primera opción. El prestigio del grupo opera aquí como un destacado “atractor” de talento.

Algo similar se observa en Finlandia, donde, a pesar de que la docencia no está especialmente bien remunerada, atrae hacia sí a los mejores estudiantes. Esta circunstancia, en una suerte de círculo virtuoso, ha fortalecido en dicho país la propia profesión docente; lo que explica, en buena medida, sus excelentes resultados educativos. Disponer de una carrera profesional bien planificada, que introduzca dinamismo y satisfacción en cuanto al desarrollo profesional, no solo permite retener a los mejores cuando ya están dentro, sino que, además, actúa como otro “atractor” de talento.

Otro aspecto clave es la formación continua y la actualización en ejercicio. ¿Cuál es su visión al respecto?

La formación continua del profesor es un factor esencial de perfeccionamiento, pero creo que no debería considerarse de forma aislada sino integrada dentro de una carrera profesional; formación, evaluación, reconocimientos y promoción han de formar parte de un conjunto coherente de políticas de gestión del talento, con un enfoque sistémico, del tal modo que una parte se vea reforzada por el sentido de la otra, lo que contribuye a reforzar el todo. La formación continua se ha de alinear tanto con las áreas de mejora del docente como con sus perspectivas de desarrollo profesional. Una evaluación justa y fiable permite identificar dichas áreas de mejora, orientar la formación continua, servir de base a los incentivos, los reconocimientos y las recompensas, y validar y legitimar la promoción.

Y tenemos los capítulos sobre desarrollo profesional, méritos, evaluación de las competencias, salarios… ¿Qué premisas deben inspirar una adecuada carrera profesional?

Ese enjambre de elementos, aparentemente dispersos, adquiere su pleno significado en torno a la idea de “plan de carrera”. Si dicho “plan” está bien concebido, atenderá como posibles itinerarios profesionales tanto la movilidad horizontal, en la que el docente no se desvincula de la enseñanza ni de su materia, como la vertical, según la cual, a partir de un número de años determinado, podría cambiar de función en los ámbitos de gestión, dirección escolar, inspección educativa, etc., para los cuales se prepararía, intencionalmente, a través de la formación continua. El MIR educativo ofrecería oportunidades valiosas en la movilidad horizontal mediante la figura, entre otras, de los tutores de formación.

La premisa esencial del denominado “plan de carrera” es, ante todo, su carácter esencialmente dinámico. La probabilidad del síndrome del “profesor quemado” o sin horizontes se vería reducida y, de acuerdo con esta estrategia win win, ganaría tanto el individuo como la colectividad.

Nos enfrentamos a un enorme reto. Se dice que la calidad de un sistema educativo es directamente proporcional a la calidad de sus profesores. ¿Seremos capaces de dar el salto definitivo?

Para responder a esta pregunta habría que disponer de una “bola de cristal”. Aunque realmente la respuesta está en manos de los actores principales, a saber, de los responsables políticos, de las organizaciones sindicales y profesionales del profesorado y del propio cuerpo docente. Las reformas que son útiles para el futuro de los países requieren de la visión y de la valentía de los gobernantes, pero también de los líderes de las organizaciones de la sociedad civil que apoyan a los primeros o incluso les orientan, con las “luces largas” puestas, cuando dicha visión es precaria. El colectivo docente tiene que pensar en el futuro de su profesión e impulsar a unos y a otros actores en la buena dirección. Las reflexiones sobre toda esta problemática están recogidas en mi libro Fortalecer la profesión docente. Un desafío crucial, publicado hace unos años.

Fotografías
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La formación continua se ha de alinear tanto con las áreas de mejora del docente como con sus perspectivas de desarrollo profesional

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El profesional español medio, salvo excepciones, no se distingue precisamente por su pericia retórica

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