REVISTA MUFACE. Nº 243. PRIMAVERA 2018
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Cultura
Gabriel Tortella

“El capitalismo es un mal sistema, pero todos los demás son peores”

Catedrático emérito de la Universidad de Alcalá de Henares, maestro de varias generaciones, gran experto en Historia Económica, Gabriel Tortella sacó hace unos meses un libro que es como un destilado de toda una vida de investigación y enseñanza, “las conclusiones de lo leído y pensado en muchos años”, como dice él mismo: Capitalismo y revolución. Un ensayo de historia social y económica contemporánea (Gadir).

Á. VIVAS

Capitalismo y revolución sería lo que ha marcado los últimos 250 años.

Sí, creo que este título sintetiza bien el hecho de que el capitalismo alumbró las revoluciones burguesa y proletaria; aunque la proletaria, la rusa, fue una pseudorrevolución. Luego vino la verdadera revolución, la socialdemócrata en los años veinte y treinta del siglo XX.

De hecho, dice usted que vivimos en un orden socialdemócrata.

Así es; los partidos de izquierda han triunfado en toda regla en el siglo XX, y eso ha llevado a que se les acabe el programa. Ahora, en lugar de plantearse seriamente cuál sería su papel en estas circunstancias, se dedican a proteger a minorías; aparte de que, a veces, caen en absurdos como el de apoyar separatismos, que, además, son profundamente de derechas. En el País Vasco y en Cataluña lo promueven las altas burguesías de ambos sitios, que quieren gobernar libremente. El sistema socialdemócrata está para quedarse, pero hay distintas formas de serlo; a la izquierda le queda ser más honrada, más compasiva, más socialdemócrata que la derecha, ya que la socialdemocracia es su criatura.

De modo que queda el capitalismo y a la revolución ya no se la espera.

Al capitalismo le pasa lo que a la democracia, que es un mal sistema, pero todos los demás son peores. Además de que el actual no es capitalismo puro, está muy atemperado por la democracia; el del siglo XIX era incompatible con la democracia, aunque no con el sistema representativo, el de hoy es un capitalismo mixto con mucho peso del sector público.

Aquel capitalismo duro del XIX causó dolor, dice usted, más por inexperiencia y desconocimiento del funcionamiento del sistema, que por su carácter intrínseco.

El gran sufrimiento se dio en Inglaterra, que racionalizó el laissez faire. Hay pruebas objetivas de que la primera mitad del siglo XIX fue durísima para las clases trabajadoras inglesas. Pero eso se fue resolviendo de un modo u otro; por ejemplo, con el librecambio. También se resolvió el problema del hacinamiento. Y todas las soluciones que en Inglaterra fueron muy lentas se adaptaron con mayor facilidad y rapidez en otros países, como Alemania, porque ya pudieron imitar lo que hizo Inglaterra.

Los críticos del capitalismo del XIX acertaron en el diagnóstico, pero no en el pronóstico.

Las condiciones que pintaron Marx y Engels eran ciertas, pero Marx desarrolló una teoría según la cual eso no podía cambiar y los trabajadores nunca podrían vivir por encima de un nivel medio mínimo, sin embargo, como vio mi admirado Eduard Bernstein, los trabajadores fueron progresivamente viviendo mejor. La combatividad de los trabajadores ingleses ya no fue la del principio; había indignación por las desigualdades, pero no desesperación. Ahí aparece el movimiento fabiano, de socialistas moderados, que se plantea racionalizar la sociedad y democratizarla, pero no hacer la revolución. Además, el desarrollo económico permitió que hubiera dinero para aplicarlo a la seguridad social, pagar a los parados, etc.

Su trabajo insiste mucho en la importancia de las circunstancias geográficas y del clima.

Me parece evidente que el medio geográfico es decisivo en el devenir de la historia; en Europa y Asia se han desarrollado más las zonas templadas, y en ellas se dieron las primeras civilizaciones, como China y Mesopotamia; eran zonas que permitían el asentamiento de los nómadas. En los mapas del Banco Mundial se ve que las zonas ricas son las zonas templadas: Uruguay, Argentina, Chile, Sudáfrica. El clima tiene mucho que ver, antes de la Revolución Industrial está la agraria. En esto no estoy de acuerdo con dos importantes economistas como Acemoglu y Robinson, que ponen el acento en las instituciones, yo lo pongo en la geografía.

En la Revolución Industrial, el protagonismo de Inglaterra es indiscutible.

Además de que son muy inventivos, en la siderurgia, en el textil, en el fondo es la primacía de la política, ya que las revoluciones inglesas del siglo XVII llevan al sistema parlamentario y al protagonismo de la burguesía; el despotismo ilustrado es, en realidad, un efecto imitación de Inglaterra.

Define las migraciones, con frialdad económica, como una distribución más eficiente de los recursos.

La gente se va de los sitios en que hay mucho trabajo y falta capital a aquellos en que ocurre lo contrario. El problema en África no es que exploten a la gente, sino que no la explotan.

Fotografías
Gabriel Tortella

Marx no previó que los trabajadores llegarían a vivir mejor

El problema en África no es que exploten a la gente, sino que no la explotan

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