REVISTA MUFACE. Nº 243. PRIMAVERA 2018
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Nadie como Antonio Fraguas, “Forges”, ha sabido retratar con tanto humor a los funcionarios

Hasta siempre, Romerales

Desde el pasado 22 de febrero lleva sin fichar, para el humor y para la vida, Antonio Fraguas, “Forges”, el gran caricaturista de la democracia. Durante más de medio siglo nos dejó, con sus viñetas diarias, una forma de entender la realidad social y un lenguaje propio que nos ha marcado a todos los españoles. Funcionario que fue en sus inicios como técnico de TVE, también supo sacarle risas a la Administración con personajes como Romerales, a quien seguiremos viendo de forma “irremedieibol” tras la mesa de cualquier despacho ministerial.

CARLOS BARRIO
Antonio Fraguas, “Forges” 01

Fue un Mariano, sí, y José de Larra también, pero con rotulador, más cachondo que romántico, y tan sufrido ciudadano que no se le ocurrió mejor cosa que meter su cabeza llena de humor en la ventanilla del Registro –magistralmente única– para describirnos qué ocurría dentro del funcionariado español.

Allí, perdido en un negociado donde caben todos los negociados, dio Forges con un ser llamado Romerales, que a su vez era el funcionario en el que cabían todos los funcionarios. O casi todos. El “vuelva usted mañana” lo asumió de tal manera el humorista, que se pasó el último medio siglo volviendo cada día con su infatigable humor condensado en una viñeta donde abundaban los señores calvorotas y narigones. Esa, y los bocadillos de bordes gruesos, fueron su marca personal, la seña de identidad con la que consiguió convencer a su padre de que se veía más de humorista gráfico que de técnico en aquella TVE franquista con olor a sindicato vertical donde el funcionario Fraguas empezó a trabajar en 1957.

Su Romerales era a la función pública, y al oficinismo patrio en general, lo que el Blasillo a los desolados parajes de la España rural: una esencia más que una caricatura, un ser de este país –“¡País!”, como solían exclamar indignados sus personajes– en el que descargó el maestro toda la seriedad y toda la crítica social que latía en sus chistes.

Su Romerales era a la función pública, y al oficinismo patrio en general, una esencia más que una caricatura, un ser de este país

Forges tenía a Kafka metido en el tintero para sus viñetas de burócratas, y a un Luis Eduardo Aute totalmente entregado que le escribió, entre otras, la canción de La ventanilla para el disco Forgesound, que hasta música de “pasodeibol” le pusieron en su día, año de 1976, al maestro del humor. “Si no te pilla la ventanilla confesao / la ventanilla hace papilla al más pinta / la ventanilla, qué pesadilla / la ventanilla da la puntilla al más pintao”, rezaba el estribillo, y ahí estaba Romerales dibujado, despachando al incauto contribuyente con una retahíla de problemas añadidos: “Además, aún le faltan siete pólizas / dos de tres, tres de cinco y dos de diez / el precepto pascual de su parroquia / y la huella de un dígito del pie”. Lo dicho: ¡País!

Estos días, muchos habrán mirado a las viñetas recortadas que cuelgan en las paredes de tantos departamentos ministeriales como pequeños epitafios firmados por quien fue el gran caricaturista de la democracia. Y muchos serán los que se acuerden del infatigable Forges cada vez que haya una discusión laboral sobre la temperatura del aire acondicionado o sobre los turnos de las vacaciones veraniegas. Dicho a su modo: que el “funcionariamen” no le olvida. (Y tampoco nos olvidamos de Siria, ni de Haiti).

Fotografías
Antonio Fraguas, “Forges”
Antonio Fraguas, “Forges” 02
Antonio Fraguas, “Forges” 03
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