REVISTA MUFACE. Nº 241. JULIO-SEPTIEMBRE 2017
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En Portada

Montserrat Graell Berna, coordinadora del Servicio de Psiquiatría y Psicología Infanto-juvenil del Hospital Universitario Niño Jesús y de la Unidad de Trastornos del Comportamiento Alimentario (TCA)

“El estilo de vida a la hora de criar y educar a nuestros hijos tiene una excepcional relevancia”

La Unidad de TCA del hospital Niño Jesús de Madrid se creó en colaboración con la Sección de Adolescentes del hospital para ofrecer tratamientos a medio y largo plazo de patologías como la anorexia y la bulimia. Hoy se ha convertido en una de las más importantes de España, y depende del servicio de Psiquiatría que coordina la doctora Graell.

J. BARBERÁ

Partiendo de que para sufrir la enfermedad tiene que haber una predisposición genética, ¿cómo influye el entorno?

La anorexia nerviosa tiene mucho que ver con la vulnerabilidad de la persona (entre un 50 a 70% de casos) o, lo que es lo mismo, que se hayan heredado genes que les predisponen a padecer la enfermedad. Aunque no hay que culpabilizar a las familias, lo cierto es que el estilo de vida a la hora de criar y educar a nuestros hijos tiene una excepcional relevancia.

¿Significa esto que niñas y niños necesitan la presencia de una figura de su entorno, una especie de mentor intelectual?

Sí. Nosotros lo llamamos “adulto disponible” y se concreta en que los adultos que integran el ambiente del niño estén disponibles a lo largo del día. Ahora, y con mayor frecuencia por cuestiones de trabajos y horarios laborales, la mayoría de los niños se crían solos y se fijan en modelos de la televisión, Internet… Es importante que tengan a su lado a un adulto que les guíe para contrastar sus dudas, que sea su mentor, su referencia.

¿Se refiere a lo que se conoce coloquialmente como “niños llave”?

Así es. Estos niños con edades que no superan los diez años y llegan del colegio, con la llave, a su casa y están solos. No hay supervisión de un adulto y esto puede afectar a los más vulnerables. Por eso recomendamos a las familias que al menos hagan una comida familiar juntos, no con el objeto de comer, que también, sino de reunirse e intercambiar información, miedos, inquietudes… Es fundamental dar a los niños esa sensación de disponibilidad, de decirles: estoy ahí para cuando lo necesites. Luego están las características del niño y los más perfeccionistas y obsesivos tienen mayor riesgo de padecer la enfermedad.

Y ¿fuera de la familia?

Tiene una influencia descomunal el modelo de mujer moderna que impone la sociedad. La mayoría de las afectadas son mujeres que para tener éxito profesional y personal responden a unos cánones de delgadez extremos.

La enfermedad puede aparecer a cualquier edad, desde bebés a adultos.

Aunque el mayor grupo de afectados se encuentre en la adolescencia, sobre todo en niñas de 11 a 15 años, es posible que ya se manifieste el primer año de vida con el rechazo del bebé al alimento que le ofrece la madre a través del pecho, por ejemplo. En algunos casos, estos niños tuvieron con anterioridad una patología neurológica o de tipo digestivo, pero en el fondo esta anorexia es una forma de manifestar un malestar del bebé hacia su cuidador/a. No se trata de culpabilizar a las madres, sino de buscar el porqué y dar solución.

También hay adultos con anorexia.

Hoy sabemos que alrededor de un 20% de los casos de anorexia se hace crónica. En el resto, lo que suele suceder es que los adultos tienen antecedentes de haber padecido episodios leves de anorexia a lo largo de su vida, que no llegaron a diagnosticarse. En este grupo, la realización obsesiva de una determinada disciplina deportiva (gimnasio, running…), sobre todo en personas que nunca hicieron deporte, la obsesión por mantenerse a dieta o una excesiva preocupación por el cuerpo pueden estar enmascarando una anorexia y/o bulimia. Son fáciles de identificar porque “solo viven para eso” y descuidan o desprecian otras actividades relacionadas con el placer o la socialización. En muchos casos, este modo de vida es aplaudido socialmente como personas que se cuidan, cuando no es cierto.

En España se calcula que una de cada 250 adolecentes padece anorexia y, en estos casos, está incluido un nuevo síndrome, denominado “trastorno por atracón”, ¿qué características tiene?

Se caracteriza por atracones frecuentes de comida sin conductas de compensación pero con el mismo sentimiento de culpa y sensación de descontrol que los que se producen en la bulimia nerviosa, y, en general, con presencia de síntomas depresivos, sobrepeso y/o obesidad

¿En qué situación se encuentra España en relación con otros países de nuestro entorno?

En una situación similar. La incidencia del número de casos de anorexia y bulimia tienen mucho que ver con el desarrollo cultural del lugar. En los países más desarrollados el crecimiento es constante, pero más lento que en los que están en vías de desarrollo, donde el número de afectadas crece a mayor velocidad. Es lo que ocurre en Latinoamérica, por ejemplo, y lo mismo que ocurrió en España hace 20 años.

En cuanto al tratamiento, ¿cuáles son sus objetivos y los medios para solucionar la patología?

Lo primero es revertir la situación de malnutrición que presentan los pacientes. Para ello, se utilizan pocos fármacos, porque no se ha encontrado el medicamento capaz de cambiar el curso de la enfermedad. El primer paso es tener el valor de consultar al especialista. A partir de ahí, restablecer el estado nutricional normal del paciente, a través del empleo de psicoterapia conductual, interpersonal o dinámica.

Aparte, ¿qué les piden a los padres?

Para alcanzar el éxito es imprescindible la colaboración de la familia (que no es lo normal). Pedimos que colaboren no solo aportando su paciencia y perseverancia, sino que a través de cursos, talleres o siguiendo las indicaciones de los expertos adquieran las habilidades y competencias para tratar a un enfermo mental, en este caso, su hija o hijo adolescente.

¿Cuánto dura el tratamiento, tiene cura?

No hablamos de una enfermedad incurable, sí de un tratamiento largo con una media de cuatro a cinco años y un seguimiento que puede prolongarse dos años más. En estos casos, un 60% de los pacientes se cura de este primer episodio, aunque existe un riesgo de recaída de hasta el 20%. Siempre queda una cifra aproximada al 40% de pacientes crónicos o en los que la enfermedad no remite al tratamiento o con algún síntoma residual que les permite vivir con casi absoluta normalidad.

¿Cuál es el reto de la medicina?

El reto es reducir ese número de recaídas del 20% de pacientes severos o muy graves, y sobre los que globalmente en los últimos 20 años se ha mejorado mucho su pronóstico.

Fotografías
Montserrat Graell Berna

La mayoría de las afectadas son mujeres que para tener éxito profesional y personal responden a unos cánones de delgadez extremos

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El mayor grupo de afectados se encuentre en la adolescencia, sobre todo en niñas de 11 a 15 años

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