REVISTA MUFACE. Nº 241. JULIO-SEPTIEMBRE 2017
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En Portada
Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)

Anorexia y bulimia: rehenes de su cuerpo

La anorexia y la bulimia nerviosas son dos enfermedades mentales que pueden llegar a ser graves y que afectan, en su mayor parte, a adolescentes de 12 a 15 años. Con una relación de nueve chicas por cada chico enfermo, estos síndromes se caracterizan por la existencia de un conflicto entre el paciente y la comida. Para su aparición es precisa una predisposición genética además de factores ambientales. Se calcula que afecta a una por cada 250 mujeres y que un 10% de ellas va a padecer uno de estos episodios a lo largo de su vida. Ambas patologías causan mucho sufrimiento a los pacientes y a sus familias como se recoge en los testimonios reales de personas que han accedido a ser entrevistadas para este reportaje y que manifiestan su voluntad de ayudar a otros.

J. BARBERÁ

Juan y María habían decidido ir esa tarde al cine. Era verano y el ambiente era tan tórrido que la sala de proyección se antojaba como el lugar ideal para mitigar el calor. María, guapa, inteligente, buena estudiante y perfeccionista, había realizado algunos trabajos como modelo. Acabada la película decidieron tomar algo antes de regresar a casa, pero no hubo tiempo de terminar la cena, María se levantó de repente de la mesa y se marchó al baño. Instantes después regresó con la tez pálida y síntomas de estar enferma, y ante la insistencia de Juan le confesó que se sentía mal y que acababa de vomitar. Una mancha de sangre en su blusa delataba que había habido algo más. La sola mención de ese hecho por parte de Juan desató su ira, algo habitual en una chica con ciclotimia y cambios continuos en el humor y estado de ánimo. Días más tarde le confesó que vomitaba sangre desde hacía semanas y que el médico le había dicho que la causa eran las heridas provocadas en su esófago por el ácido del estómago debido a los vómitos continuos. María había sufrido anorexia en su adolescencia y ahora, con 20 años, era rehén de la bulimia. A consecuencia de la enfermedad, la relación se volvió cada vez más difícil, hasta que María decidió poner fin al noviazgo, no quería que Juan sufriera más por ella.

Este relato real de una pareja en la que la chica sufría bulimia muestra algunos de los rasgos de una enfermedad que, como la anorexia nerviosa, somete a los pacientes y a su entorno a un estrés difícil de superar. Pero ¿qué trastornos mentales surgen para que estas personas estén en conflicto con la comida? La principal causa es la no aceptación de su cuerpo tal y como es. Inducidas por modas, entorno social, medios de comunicación o las propias familias, estas personas –normalmente mujeres– se muestran excesivamente preocupadas por su imagen y por ello se niegan a mantenerse con un peso corporal normal. Miedo a ganar peso, a ser obesas, que les lleva a que la valoración de sí mismas como personas esté determinada por la opinión sobre su cuerpo. Entonces, dejan de comer, entre otras estrategias. Así es como comienzan la anorexia y la bulimia nerviosas.

En España se calcula que una de cada 250 adolescentes sufre anorexia y que un 10% de la población total de mujeres puede sufrir algún trastorno de la alimentación a lo largo de su vida. En la anorexia, lo normal es que el paciente no coma y se las apañe para tirar la comida cuando nadie le ve. En la bulimia, sin embargo, lo que se produce es un atracón de comida y luego se evacúa mediante el empleo de laxantes o vómitos. Hasta aquí las principales diferencias. Sin embargo, hoy muchos especialistas en Trastornos de la Conducta Alimentaria o TCA creen que la anorexia nerviosa y la bulimia son un mismo trastorno y que, en muchas ocasiones, uno lleva a que se produzca el otro. Por eso, muchos pacientes que empiezan siendo anoréxicos acaban bulímicos, mientras que es muy raro que suceda a la inversa. Así que estamos hablando de un mismo grupo de enfermedades que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado como trastornos mentales y de comportamiento.

Diferencias de género y edad

Existen diferencias de género y edades en cuanto al padecimiento de ambas enfermedades: un 90% de los afectados son niñas, jóvenes o mujeres (por cada niño afectado hay nueve niñas) con picos de edad para la anorexia entre los 12 y los 16 años y para la bulimia entre los 17 y los 20 años. La relación de incidencia de la enfermedad es de nueve a uno en contra de las chicas, hay un supuesto en el que los chicos son mayoría y es cuando existen antecedentes de obesidad, lo que ocurre en el 25% de los chicos anoréxicos (uno de cada cuatro), frente al 20% de las chicas.

¿Cuáles son las causas?

La pregunta de muchos padres es ¿por qué y cómo se genera esta enfermedad? ¿Cuáles son sus causas? Lo que los investigadores han constatado es que se trata de una enfermedad mental de origen neurobiológico en cuya aparición intervienen de forma decisiva la existencia combinada de una predisposición genética con ciertos factores ambientales que actúan provocando una reacción en cadena. Esta predisposición genética no significa que la enfermedad se herede de forma directa de padres a hijos, sino que existe una susceptibilidad a padecerla, que explica que pueda haber individuos de una misma familia, y criados en idéntico ambiente, que se manifiesten sensibles o no a la enfermedad.

Como sostienen los expertos en psiquiatría, estamos ante una patología poligénica (intervienen varios genes) y se cree que dichos genes tienen que ver con los neurotransmisores serotonina y dopamina. Estos mediadores neuronales son los encargados de poner en contacto nuestras conexiones cerebrales, y en las personas enfermas están bajo mínimos. Niveles de serotonina y dopamina que tienen que ver con un mal control de los impulsos y con trastornos afectivos. En ocasiones, anorexia y bulimia también se hermanan con la aparición de trastornos obsesivos compulsivos (TOC), ansiedad y depresión.

Asimismo, los últimos hallazgos realizados sobre estas patologías han descubierto la participación de otros genes que intervienen en la regulación de la ingesta alimentaria, y que provocarían que sean más capaces de adaptarse al ayuno o estén más dispuestos a atracones de comida.

Factores ambientales

Para que aparezca la enfermedad es necesario que existan otros desencadenantes como sucede con ciertos factores ambientales. Tienen que ver con el entorno familiar, los medios de comunicación y la escuela, que muchas veces se convierten en el caldo de cultivo ideal para incubar estas patologías: desde ambientes familiares tradicionalmente restrictivos con la comida u obsesionados por la obesidad, pasando por medios de comunicación de gran impacto como la televisión o Internet, que muestran modelos corporales inauditos, a los propios colegios e institutos donde los factores de imitación a otros niñas y niños puede tener consecuencias.

Como se señala desde la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), existe lo que se conoce como “apología en Internet”: páginas específicas que presentan la anorexia y la bulimia como buenos estilos de vida. Lo normal, dice esta asociación con sede en Barcelona, es que tras los contenidos de esas páginas se encuentren personas afectadas por alguno de estos TCA, y desde ellas no solo se da toda una serie de pautas y trucos para ocultar la enfermedad al entorno, sino que se les anima a seguir perdiendo peso, incluso a entablar competiciones entre usuarios para ver quién adelgaza más.

Con la ley en la mano, estas páginas son legales, pero como se anuncia desde ACAB, el Colegio de Abogados de Barcelona ha propuesto una normativa específica que permita considerar como delito la promoción de comportamientos nocivos para la salud a menores de edad, y que confían en que sea norma legal en poco tiempo. Mientras, se aconseja que los padres que detecten la existencia de una de estas páginas, lo denuncien a cualquiera de las asociaciones para que se ponga en conocimiento de la policía, un simple hecho que hace que la página desaparezca de Internet.

En cuanto a la televisión, aquí más que nunca hay que tener en cuenta el tópico de que “una imagen vale más que mil palabras” Por eso, desde las asociaciones de padres, como la Federación Española de Asociaciones de Ayuda contra la Anorexia y la Bulimia (FEACAB), se advierte de lo paradójico que es comprobar que se promuevan hábitos de vida saludables (comer cinco frutas al día, tomar más vegetales y pescados…) y que luego aparezcan en pantalla presentadoras jóvenes con una delgadez evidente. Asimismo, los médicos piden que se preste mucha atención a los contenidos de los programas que se emiten con objeto de no banalizar la enfermedad y también que promuevan el concepto de “tolerancia a la diversidad corporal”, contrario muchas veces a la imagen de las presentadoras.

Y aunque nadie quiere culpabilizar al entorno familiar o escolar con la aparición de estas enfermedades, la realidad es que en el seno de algunas familias se induce (inconscientemente) a llevar a cabo conductas poco saludables y en algunos centros escolares no se vigila lo suficiente la aparición de los primeros indicios.

Multitud de factores

Estamos ante un problema complejo, difícil de manejar desde el punto de vista médico, y en el que existen multitud de factores que influyen en su aparición. Una entidad clínica que no debe subestimarse, puesto que es una enfermedad grave que incluso puede llegar a causar la muerte del paciente por malnutrición severa. De hecho, es la que tiene una mayor mortalidad dentro de todas las enfermedades mentales. Además, en su curso o evolución pueden ir acompañadas de síntomas obsesivos, ansiosos o depresivos, y en el mejor de los casos, dejan a su paso un desarrollo morfológico anormal que compromete seriamente el desarrollo y la talla normales de niñas y niños.

El diagnóstico, cuanto más precoz, mejor pronóstico y tratamiento. Por eso es importante que los adultos –en casa o en el colegio con niñas/os a su cargo– estén alerta ante la aparición de cualquier conducta o signo que pueda predecir la inminente aparición de anorexia y/o bulimia. También los adultos deben estar atentos, si el niño sufre sobrepeso y obesidad y ha sido puesto a dieta por el endocrinólogo, ya que existe el riesgo de que el paciente, por su cuenta y sin recomendación médica, lleve esta dieta hasta el extremo y eso termine en un TCA. De hecho, un 25% de los niños con TCA tienen antecedentes de obesidad. Por eso, en el caso de la dieta, hay que vigilar estrictamente este proceso para que el niño no se radicalice en su restricción alimentaria.

Una historia real

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Como en tantas ocasiones, no nos hacemos a la idea del sufrimiento de las personas enfermas y sus familias hasta que conocemos sus testimonios. Por eso, contamos el testimonio de un chico que padeció anorexia y cuyo principal objetivo, después de su “curación”, es estudiar nutrición para ayudar a otros que pasan por la misma situación.

Cuando pedimos a la madre de Iñaki, Montse A., que defina lo que supuso para ella y su marido el paso por los cuatro años de tratamiento de la anorexia de su hijo es tajante: “Mucho sufrimiento”. La enfermedad de Iñaki repercutió negativamente sobre toda la familia y ella, incluso, llegó a tomar antidepresivos para mantener su ánimo a flote. “Es preciso quererse mucho, para que la relación no salte por los aires”. Máxime, cuando la opinión entre ellos no eran coincidente en el camino a elegir. En un momento, el padre dejó de asistir a los talleres de terapia porque “le parecía que no servían para nada”.

Iñaki comenzó con 13 años. “Notamos cómo dejó de comer”, dice Montse. “Se fijaba en las etiquetas de los productos y empezó a hacer cosas raras como comer solo en la cocina y al ponerle la comida esta desaparecía del plato. Gracias a que mi marido tuvo una baja laboral, detectamos el problema”. Es difícil determinar la causa de su anorexia, el niño siempre se crió un poco gordito. La madre relata: “Fuimos al hospital Ramón y Cajal y la doctora que lo atendió nos dijo: ‘Si tu padre y tu madre son gorditos, ¿cómo no lo vas a ser tú?’. La afirmación llenó de dudas a Iñaki, a quien por aquellos días empezaba a gustarle una chica de clase”. Después tomó a Cristiano Ronaldo y sus famosos abdominales como ejemplo y se dedicó a hacer ejercicio, aparte de no comer. La pediatra del ambulatorio le prediagnosticó un Trastorno del Comportamiento Alimentario (TCA). En el hospital Niño Jesús de Madrid y en la Unidad de TCA que dirigía el doctor Gonzalo Morandé le hicieron el diagnóstico definitivo y poco después fue ingresado porque la desnutrición le había llevado a padecer arritmias cardíacas. Iñaki explica así los inicios: “Comencé a perder peso y a no comer. Tiraba la comida y me obsesioné con hacer ejercicio físico. Sabes que cuando estás más delgado la gente te dice ¡qué guapo estás! Ahora esos momentos de mi vida es como si el cerebro los hubiera olvidado intencionadamente. También tuve comportamientos agresivos hacia mis padres y conmigo mismo, contestaciones y gritos impropios en mí”.

Esta agresividad le llevó a ser ingresado en el hospital Niño Jesús de Madrid en varias ocasiones. Poco a poco, y a medida que ganaba peso, las visitas y la terapia se fueron espaciando. Ahora Iñaki tiene 21 años, estudia dietética y nutrición, ha trabajado este verano como socorrista y tiene el propósito de dedicarse a ayudar a otros chicos y chicas con anorexia y bulimia. Su madre señala que “aún no está bien del todo y creo que tiene secuelas”. Y recomienda como ayuda “que los afectados hablen con otros chicos que han ‘superado’ el problema”.

Un cuarto de siglo

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Este año se cumple el 25 aniversario de la Unidad de Trastornos del Comportamiento Alimentario (TCA) del hospital Niño Jesús de Madrid que creó en 1992, con apenas tres camas, el doctor Gonzalo Morandé, quien provenía del hospital de la Cruz Roja de Madrid. Lo que empezó siendo una discreta unidad de hospitalización y un módulo grupal semanal es hoy una unidad con un hospital de día con dos turnos, consultas externas diarias de tratamiento y terapia individualizada, ingreso domiciliario y módulos de terapias grupales para padres y pacientes, y que se ha convertido en una de las mejores de Europa.

Desde 1992 han sido tratados alrededor de 4.000 pacientes y se han realizado unos 2.500 ingresos. En la actualidad, son atendidos más de 200 pacientes nuevos al año, y otros tantos ingresan en el programa de hospitalización. Los pacientes ingresados y los que acuden al hospital de día, además del tratamiento médico, son atendidos por profesores de primaria y secundaria, reciben clases de arte-terapia impartidos por una profesional de Bellas Artes, realizan actividades lúdicas y aprenden habilidades psicológicas con profesionales de enfermería y voluntarios que colaboran con esta sección.

El doctor Morandé fue quien hace un cuarto de siglo entendió la magnitud del problema que estaba en ciernes de convertirse en una epidemia en España como eran la anorexia y la bulimia. Ahora, Morandé, ya fuera del hospital, ha creado una fundación que lleva su mismo nombre y tiene también entre sus objetivos seguir colaborando con la Unidad de TCA del Hospital del Niño Jesús de Madrid. Morandé, asimismo, es presidente de la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia y Bulimia Nerviosas (ADANER http://www.adaner.org/).

Otras asociaciones implicadas activamente en atender a enfermos y sus familias son Imagen y Autoestima (http://www.f-ima.org/es) y el Instituto de Trastornos de la Alimentación (http://www.itacat.com/es/), que ayudan a las familias a conseguir piso, por ejemplo, cuando se desplazan desde otras provincias donde no hay unidades de TCA.

Fotografías
Trastornos de la Conducta Alimentaria

Los expertos en psiquiatría señalan que estamos ante una patología poligénica y que dichos genes tienen que ver con los neurotransmisores serotonina y dopamina

Asociaciones de padres al rescate

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Una de las Asociaciones más activas es la Federación Española de Asociaciones de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia (FEACAB) (www.feacab.org/) formada por asociaciones de diferentes Comunidades Autónomas y que agrupa a más de 20.000 afectados por la anorexia y la bulimia nerviosa y a sus familias. Su presidenta, Carmen Galindo Ortiz de Landázuri señala como principal objetivo promover estrategias de prevención y tratamiento de estas enfermedades; de buenas prácticas, tanto para las asociaciones como para otros colectivos, medios de comunicación y sumar esfuerzos de prevención que ya están realizando cada una de las asociaciones.

Galindo subraya que “nunca culpamos a los padres, porque entonces en lugar de un problema tendríamos dos. Estamos ante una enfermedad mental y que los mensajes sobre los cánones del culto al cuerpo ‘perfecto’ no se lanzan desde la televisión, sino también desde internet”. En cuanto a las necesidades más urgentes de estos pacientes, señala que se necesitan más unidades asistenciales de TCA, al menos una de referencia en cada Comunidad Autónoma que atienda con garantías a pacientes infanto-juveniles, y a adultos además de medios para investigar. Galindo considera imprescindible “trabajar mucho desde las escuelas y con las escuelas”. La asociación de Aragón, por ejemplo, ha firmado un convenio con la Consejería de Educación para realizar talleres informativos y otro tipo de actividades educativas y preventivas en los colegios. “Es muy importante sentirnos respaldados por la Administración”, destaca Galindo. Talleres que se agrupan bajo el título ‘me gusta como soy’ y que inciden sobre el entorno que rodea a los adolescentes (incluido internet) pero no se les habla de enfermedad. Hasta ahora, en Aragón han participado en este programa 23 colegios y más de 1500 niños Para la presidenta de FEACAB el papel del orientador escolar es una pieza fundamental en el engranaje de la detección de los casos en los colegios.

Y señala como de interés que muchos padres acuden antes a las asociaciones de pacientes que al médico. “Intentamos quitarles el miedo y que vuelvan a ponerse en manos de un especialista. Y les asesoramos sobre estrategias, y les damos una serie de pautas de prevención”.

Es una enfermedad grave que incluso puede llegar a causar la muerte del paciente por malnutrición severa

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Las alertas más llamativas

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■ Si la/el niña/o cambia sus hábitos alimentarios y pretenden saltarse alguna comida con excusas inexplicables.

■ Si, de repente, muestran demasiado interés por las dietas, la restricción de alimentos, por hacer ejercicio físico o se observan consultas continuadas a páginas web sobre estos temas.

■ Si aparecen cambios de humor repentinos e irritabilidad, con constantes cambios en los estados de ánimo.

■ Si se produce un aislamiento social voluntario, con excesivo tiempo acompañado de las nuevas tecnologías (alfabetismo del medio).

■ En las chicas, cuando se produce una repentina amenorrea que dura más de tres meses. Si esta ausencia de la regla es mayor a un año, la sospecha de TCA es muy elevada.

■ Si tienen poco apetito y utilizan el dolor de tripa para justificar su restricción alimentaria o si pierden peso de forma anormal y continuada.

Los médicos piden atención a los contenidos de los programas de televisión, no banalizar la enfermedad y que se promueva el concepto de “tolerancia a la diversidad corporal”

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