REVISTA MUFACE. Nº 242. OCTUBRE-DICIEMBRE 2017
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Área Salud

Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, profesor en la Universidad de Oviedo y experto en adicciones

“El mejor tratamiento es reducir el tiempo de uso”

Julio Bobes es doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Oviedo, diplomado en Medicina del Trabajo y Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Este catedrático de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo ha desarrollado una intensa labor docente e investigadora que se traduce en más de tres centenares de publicaciones nacionales e internacionales.

J. BARBERÁ

El abuso de Internet está afectando a nuestros jóvenes, ¿por qué no se considera una enfermedad?

La supuesta adicción a Internet y redes sociales, lo que conocemos técnicamente como PIU, se ha discutido en las últimas reuniones de expertos este año a nivel europeo, pero no hubo consenso en aceptarlas como enfermedades mentales, de manera que en la clasificación de 2018 no aparece como enfermedad. Se desestimó incluirla en las directrices de enfermedades mentales, lo que no significa que no exista el problema.

Si se reconoce el problema, ¿por qué no aparece como enfermedad?

Técnicamente, no se considera que estas personas estén enfermas. De hecho, no hay apenas consultas médicas al respecto. Tal vez en poco tiempo la realidad o el número de casos y afectados hagan que estos criterios varíen.

Sin embargo, los chicos no pueden despegarse del móvil.

Es verdad, coloquialmente se puede deducir que puede producirse cierto “mono”, no son adictos en el sentido estricto. Todos los estudios de campo realizados, algunos durante cinco años y con miles de pacientes, no han podido demostrar que fuera una enfermedad, más allá de corroborar que en efecto hay algo.

¿Tiene que ver con el tiempo de utilización?

El abuso del tiempo que se está en Internet de niños, adolescentes y jóvenes, hace que el problema cobre dimensiones más inquietantes. Los estudios, en algunos de los cuales hemos intervenido activamente aportando datos de España, han mostrado que el “abuso” existe, pero también es verdad que eso no ha generado más visitas al médico.

Hay estudios que muestran que lo que ustedes llaman uso patológico de Internet o PIU puede tener consecuencias negativas.

El estudio SEYLE (han participado 11.800 jóvenes europeos de los cuales un millar eran españoles) y los metaanálisis posteriores –en alguno hemos participado desde la Universidad de Oviedo– sí que han demostrado una tendencia: aquellos que abusan de las maquinas tienen más riesgo de sufrir problemas emocionales. Pero el abuso del tiempo de utilización de estas plataformas produce un aumento de problemas de salud mental en niños y adolescentes. Aparición de problemas, que no enfermedades, insisto.

En algunos de estos estudios existe una relación entre PIU y fracaso escolar.

Así es. Si nos ceñimos a los datos –provenientes de encuestas privadas y subjetivas–, existe una relación entre PIU y fracaso escolar. Y también una relación directa con el consumo de cannabis. Tanto es así que de este fracaso escolar se derivan tanto alteraciones del comportamiento de los alumnos como de adaptación. Es decir, que, aparte de la repercusión en el rendimiento escolar, hay que añadir la interferencia que realiza sobre la relación que mantienen con compañeros y profesores. Estos chicos tienen más riesgo de transgredir las normas, sobre todo si acuden con alguna frecuencia al uso de cannabis u otros estimulantes.

¿Puede que las PIU lleven a los jóvenes a utilizar drogas?

Creo que debemos seguir observando este fenómeno y ver si la PIU facilita la aparición de una patología de adicción como sucede, por ejemplo, con las psicosis esquizofrénicas ligadas al uso de cannabis; con la sola supresión de la droga estas personas no padecerían la enfermedad o la tendrían años después. También debemos comprobar si el abuso de las TIC o la PIU puede acelerar la aparición de las patologías mentales.

¿Qué pueden hacer los padres para prevenir?

La deshumanización de las relaciones y los lazos familiares, así como la dejación de funciones educativas por parte de los padres es una evidencia preocupante. Muchas familias están delegando estas funciones en el colegio y es un error.

Para no ser una enfermedad, parece una amenaza seria…

Más bien diría tendencia, pero lo que está claro es que para que esta tendencia no se confirme, las familias deben tomar medidas, vigilando a los truhanes (absentistas escolares) y, en general, reduciendo el tiempo que sus hijos pasan con las maquinas y los móviles, si no tendremos un problema futuro que el colegio, por sí solo, no puede resolver.

Fotografías
Julio Bobes

Se ha desestimado incluir la PIU en las directrices de enfermedades mentales, lo que no significa que no exista el problema

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