REVISTA MUFACE. Nº 242. OCTUBRE-DICIEMBRE 2017
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Educación

Expresión oral, materia pendiente

La oratoria no es precisamente uno de los grandes atributos de los españoles. Mientras los escolares anglosajones exponen, dialogan y debaten en clase desde la edad de 11 años, nuestros jóvenes llegan a la universidad sin práctica alguna, poniendo en evidencia que la expresión oral y la comunicación son asignaturas pendientes del sistema educativo.

DANIEL VILA

Hace pocas semanas tenía lugar en la Universidad Camilo José Cela el segundo Torneo de Debate Preuniversitario CICAE, un certamen dirigido a alumnos de ESO y Bachillerato para fomentar su capacidad de argumentación, una competencia cada vez más necesaria, especialmente en el entorno laboral. A estas mismas premisas responden otras iniciativas en distintas comunidades autónomas, como el Torneo Escolar de Debate que se celebra cada año en la Comunidad de Madrid, siguiendo el modelo de los concursos que se desarrollan en Reino Unido y en los clubes universitarios estadounidenses. Son iniciativas que tratan de compensar un déficit evidente de nuestra escuela. “La expresión oral debe tener un lugar primordial en la educación del alumno desde Primaria, puesto que hoy en día hablar de manera correcta, coherente y eficaz es imprescindible para establecer una mejor adaptación al entorno, mejorar las relaciones humanas y optimizar las expectativas de índole profesional”. Lo dice María José Castro, profesora de Lengua y Literatura en un instituto madrileño, haciéndose eco de una opinión mayoritaria en el sector educativo.

De hecho, los informes PIAAC o PISA de la OCDE ya evidencian la poca capacidad argumentativa del alumnado. Las sucesivas evaluaciones internacionales denuncian que las destrezas lectoras de nuestros escolares son inferiores a la media y, aunque de forma colateral –dichos estudios no analizan en concreto la expresión oral–, revelan que esa competencia lectora se encuentra estrechamente relacionada con la elaboración de ideas y de argumentos, hilos esenciales en la comunicación.

Carencias desde pequeños

“En España no aprendemos a hablar en público desde pequeños. Solo algunos colegios consideran la oratoria importante, o algunos profesores en determinados colegios, la enseñan de motu proprio, pero no es algo que sea generalizado en las aulas. Por eso los adolescentes no saben hablar en público”, señala Mónica Pérez de las Heras, escritora y directora de la Escuela Europea de Oratoria (EEO). “El problema –agrega– es que tampoco se aprende en la universidad, por lo que al final tenemos adultos de 30, 40, 50 o hasta 60 años viniendo a la EEO a aprender a hablar en público cuando lo necesitan para su trabajo y ven las carencias que tienen en este terreno”. Un informe de la Comisión para el Empleo del gobierno británico revela que después de preguntar a 91.000 empleadores en Reino Unido cuál fue la destreza que más echaron en falta en los candidatos que se presentaron a las ofertas de empleo en 2016, la mayoría destacó la comunicación oral: la habilidad para persuadir e influir a terceros y la de elaborar discursos o presentaciones.

Según Pérez de las Heras, este aprendizaje debería comenzar cuanto antes. “Nuestra experiencia con las clases que damos de manera extraescolar a niños es que son estos los que mejor absorben las enseñanzas en materia de hablar en público. Es fascinante comprobar cómo aprenden mucho más rápido que los adultos”. Y para ello destaca el ejemplo de Estados Unidos, “donde se les prepara para hablar en público desde el colegio, realizando presentaciones orales, coloquios, debates, etc., lo que les lleva a ser grandes oradores en el futuro”. De la misma opinión es Irene Miguelsanz, directora de la Sociedad de Debates de la Universidad Autónoma de Madrid: “Al igual que otras materias son promovidas desde edades tempranas, como los idiomas, resultaría muy positivo favorecer herramientas de pensamiento crítico y comunicación a partir de Primaria, pues es la etapa donde la absorción de conocimientos es mayor; y también es importante que pierdan la vergüenza a exponerse ante los demás o inculcar la necesidad de comunicarse con el entorno”.

Normativa

La Ley Orgánica de Educación 2/2006, de 3 de mayo (LOE), señala que en la asignatura de Lengua y Literatura “el eje del currículo son las habilidades y estrategias para hablar, escribir, escuchar y leer en ámbitos significativos de la actividad social”. En opinión de muchos docentes, más que una laguna normativa, el problema radica en su falta de concreción en el temario, debido a sus carencias formativas en la enseñanza de la expresión oral. Los especialistas hablan de una mayor participación del alumnado en las aulas, de clases más interactivas, de la obligatoriedad de salir a la pizarra de forma regular o de la recuperación de los exámenes orales a partir de Secundaria; todas ellas son vistas como fórmulas para mejorar una capacidad expresiva ya de por sí empobrecida en los textos digitales y los wasap.

Algunos gobiernos autónomos están empezando a actuar en este sentido. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, la entrada en vigor de la Orden 2200/2017, de 16 de junio, implica la posibilidad de que los centros puedan ofrecer Oratoria y Retórica como materias de libre configuración en 3º y 4º de la ESO. “Pero esto no es suficiente”, dice el profesor de la UNIR Santiago López Navia. “Bastaría con definir en el currículum de Lengua Castellana y Literatura un bloque de contenidos claro y estructurado específicamente dedicado a la práctica oral de la lengua española en todos los cursos de Primaria, ESO y Bachillerato, y, muy especialmente, en el primer curso de este ciclo, habida cuenta del valor singular que acaba teniendo la formación en el segundo curso, más orientado a preparar a los alumnos para la prueba de acceso a la universidad”.

Parece obvio que la causa de que los adolescentes españoles carezcan de habilidad para expresarse en público radica en la inexistencia de enseñanza y práctica desde el colegio, pasando por el instituto y acabando en la educación superior. “Debería existir una asignatura sobre oratoria en el currículo a partir de Primaria –apunta Irene Miguelsanz–, puesto que no solo es necesario aprender e interiorizar conocimientos; también resulta imprescindible para el ser humano saber expresar sus pensamientos y sentimientos”.

Inteligencia emocional, factor clave

Mónica Pérez de las Heras

“La inteligencia emocional es la que forma al orador”, apunta Mónica Pérez de las Heras, directora de la Escuela Europea de Oratoria (EEO) y autora de títulos como Escribe, habla, seduce, ¿Estás comunicando? o El secreto de Obama. “Estudié a Barack Obama y descubrí a un hombre con una gran inteligencia emocional, capaz de gestionar sus emociones en cualquier circunstancia adversa de la vida para no dar jamás una mala respuesta o faltar al respeto a alguien. Eso me encantó de él. Formar oradores serenos, educados, respetuosos con su público... seductores, es el objetivo de aplicar la inteligencia emocional en la oratoria. Esa es –prosigue– nuestra marca de empresa en la EEO, solo enseñamos a hablar en público dando a la vez inteligencia emocional, ya sea en cursos para niños, adolescentes o profesionales”.

De las Heras, cuya filosofía de vida podría resumirse en la frase “Que nadie tenga el poder de robarte tu sonrisa”, cree que las claves de una buena oratoria son naturalidad, humildad y corazón. “Naturalidad significa ser uno mismo. Los oradores no somos actores, ni interpretamos un papel, sino que debemos ser nosotros mismos, mejorados con las técnicas de oratoria. La humildad nos da la tranquilidad de que no podemos saber todo de ningún tema, por ello no nos creemos mejor que nadie y, por supuesto, no nos creemos mejor que nuestro público. La tercera de las claves es hablar con el corazón, con pasión, con ganas, con ilusión por transmitir. Cuando el orador se emociona con lo que cuenta, el público le sigue y se emociona también”.

La directora de la EEO considera que educar a los niños con estas tres claves también les ayuda en otras cuestiones de su vida personal, como ser ellos mismos y estar orgullosos de serlo (autoestima), no creerse más que nadie y ser capaces de expresar sus emociones en público (no somos más débiles por ello). “Recomendaría a los profesores que trabajaran en estos tres ámbitos”, concluye.

Fotografías
Expresión oral

Más que una laguna normativa, el problema radica en las carencias formativas en la enseñanza de la expresión oral

Sociedad de Debates

Irene Miguelsanz

Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Madrid, Irene Miguelsanz cree que los campeonatos de debate –en los que ha participado activamente en los últimos años, tanto en institutos como en universidades– constituyen “una instancia valiosa y muy adecuada para fomentar las destrezas de expresión oral” y “ofrecen a los estudiantes la posibilidad de pensar y discutir acerca de temas variados con otros alumnos de otras instituciones”. Desde su punto de vista, también “promueven el compañerismo entre los miembros del equipo”, así como “la sociabilidad y fomento de buenas relaciones”, sin olvidar “el pensamiento crítico, el razonamiento, la tolerancia y comprensión hacia los que piensan distinto, la empatía”.

Según dice, la Sociedad de Debates de la UAM es un proyecto que comprende la formación en habilidades de oratoria, argumentación y debate y su posterior puesta en práctica en competición, con el fin de que los miembros de la comunidad universitaria de la Autónoma aprendan a perder el miedo a comunicar ante una audiencia. “Nos reunimos al menos una vez a la semana para llevar a cabo sesiones teóricas y prácticas y organizamos diversos torneos a lo largo del año, para contribuir a la mejora y crecimiento del circuito universitario de debate en español”.

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Mientras los escolares anglosajones exponen, dialogan y debaten en clase desde la edad de 11 años, en España llegan a la universidad sin práctica alguna

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