REVISTA MUFACE. Nº 242. OCTUBRE-DICIEMBRE 2017
Se encuentra en: Cultura / Entrevista a José Luis Corral
Cultura
José Luis Corral

Luces y sombras del emperador Carlos

Profesor titular de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza, José Luis Corral es uno de los autores de novela histórica más reconocidos. Tras numerosos títulos como El Cid, Trafalgar, Numancia, El número de Dios, Fulcanelli, el dueño del secreto o El Códice del Peregrino, inició hace dos años, con El vuelo del águila, una ambiciosa serie dedicada a Los Austrias (ese es el título del ciclo). La continúa ahora con El tiempo en sus manos, en la que pone ante los ojos del lector los primeros años del reinado de Carlos I, el emperador Carlos V que gobernó sobre dos hemisferios.

Á. VIVAS

Carlos I suele estar bien tratado por la historiografía. Sin embargo, en la relación con su madre no fue mucho mejor que Felipe I o Fernando el Católico.

Carlos trató a su madre, Juana la Loca, de manera miserable. La mantuvo presa en Tordesillas, redujo al máximo su comunicación con el exterior y la condenó a vivir encerrada de por vida. Carlos estaba ebrio de poder y la presencia de su madre, que seguía siendo la reina legítima de Castilla, le estorbaba.

Y en la ficción de su novela, Carlos, como Enrique VIII o, antes, Fernando el Católico, fuerzan la conciencia de sus súbditos. Esa utilización de la gente ¿es parte de la esencia del poder?

Por supuesto. El poder absoluto significa utilizar todo tipo de resortes para aplicarlo, y si hay que forzar voluntades e ideales, pues no se repara en ello. Carlos lo hizo con todas las personas que pudo, y por eso he introducido este aspecto en su relación con los personajes de ficción.

De Carlos I siempre se ha dicho que tenía un pie en la Edad Media.

Sí; a menudo se le ha tratado como un príncipe del Renacimiento, pero en su vida se comportó como un rey medieval. Por eso lo encontramos participando en torneos y justas caballerescos, o enamorado de su esposa Isabel con un sentimiento que está más próximo a la idea del amor cortés que surgió en la corte de Aquitania en el siglo XII que a un sentimiento amoroso más moderno. Carlos vive la edad de oro de la caballería, y se comporta como un verdadero caballero andante.

Otra cosa que se suele destacar de él es su europeísmo. ¿Tuvo realmente esa idea?

No, absolutamente no. Esa idea del emperador como una especie de adelantado de la idea política de la unidad de Europa es una forma más de presentismo histórico, como se ha hecho también, por ejemplo, con Carlomagno. Carlos no tenía ninguna intención de propiciar una Europa unida, en el sentido contemporáneo del término, sino la de incrementar su poder en el sentido feudal, es decir, asimilar la idea de poder y de fuerza a la de posesión de tierras y dominios.

Nacido y criado en Gante, ¿hasta qué punto se hispanizó e hispanizó la monarquía?

Cuando Carlos llega a Castilla, ni siquiera sabía hablar el idioma de la tierra. Nunca antes había estado por aquí, aunque conocía la situación de estos reinos por las cartas que se cruzó con su abuelo y por los informes que recibía en Flandes. Una vez en España, no le quedó más remedio que “hispanizarse”, lo que desde el punto de vista político le fue relativamente fácil porque venía de una situación en la que su abuelo Maximiliano de Austria gobernaba una amalgama de reinos y estados en el Imperio alemán, y sus dominios hispanos eran un conglomerado similar, con reinos y estados con diferentes leyes e instituciones, como la Corona de Castilla, la de Aragón o el Reino de Navarra. Durante toda su vida, Carlos fue consciente de que gobernaba un mosaico de dominios de los cuales él era el único elemento aglutinante.

A propósito de ese mosaico, en la novela se habla de Cataluña como un territorio diferenciado de Aragón. ¿Tenía Cataluña esa personalidad? Por otro lado, Carlos habla ya de España en varios momentos. ¿Empezaba ya a pensarse en España por encima de los distintos reinos?

Cataluña era en el siglo XVI la heredera de la unión de varios condados en torno al de Barcelona entre los siglos IX y XI, más la adjudicación del condado de Urgel y de los marquesados de Lérida y Tortosa en el último testamento de Jaime I el Conquistador en el siglo XIII. Fue Jaime I quien definió la extensión territorial de Cataluña tal y como hoy existe. La Corona de Aragón era la suma de reinos y estados de los cuales era señor y soberano el rey de Aragón. Cada uno de esos territorios (Reino de Aragón, Reino de Valencia, Reino de Sicilia, Condado de Barcelona, etc.) tenía total autonomía interna, sus propias leyes, su sistema judicial, sus Cortes, su moneda y su fiscalidad. Solo compartían soberano.

En cuanto al término “España”, era más usado a comienzos del siglo XVI por los países europeos para referirse a los dominios hispanos –la península ibérica y las Islas Baleares– de Carlos. Por su parte, en Castilla y en Aragón solía hablarse de Regni Hispaniarum, es decir, de “Reinos de las Españas”, en plural, aunque a veces se usaba la palabra España en singular. Y, como en la Corona de Aragón, cada reino hispano tenía sus propias instituciones, su hacienda y su fiscalidad, de manera que, jurídicamente, eran territorios independientes, aunque todos ellos bajo la autoridad del mismo monarca.

El significado de las comunidades ha sido muy discutido, si fue un movimiento progresista o lo contrario. Robert Goodwin califica a los comuneros de patriotas. ¿Cuál es su opinión?

Utilizar términos actuales como “progresista” o “patriota” para el siglo XVI es un error, y un nuevo ejemplo de presentismo. Los comuneros pretendían recuperar las viejas instituciones de los concejos medievales, que se estaban perdiendo. Esos concejos y las comunidades de villa y tierra habían sido constituidos según los fueros concedidos en los siglos XII y XIII, que les otorgaban amplias “libertades”, en el sentido medieval del término, y enormes competencias. Los comuneros no pretendían el triunfo de una “revolución”, no en vano ofrecieron la Corona de Castilla a la reina Juana, sino no perder esos derechos concedidos en los fueros medievales, por cierto, piezas legislativas enormemente avanzadas para su época. Para los que piensan que lo moderno era la centralización de las monarquías del Renacimiento, los comuneros eran unos retrógrados, claro, pero para los que abogan por una descentralización del ejercicio del poder, las comunidades significaban una posición más abierta a la gente y por tanto con más libertades.

Lo cierto es que a Castilla Carlos la dejó famélica.

Absolutamente. Ya la endeudó con más de ochocientos mil ducados para poder comprar y sobornar a los siete grandes electores que lo proclamaron emperador en 1519, empeñando para ello las rentas reales, y nunca dejó de solicitar más y más recursos a las Cortes de sus estados peninsulares para financiar sus empresas en el norte de África o en Italia o contra los turcos. Además, gastaba verdaderas fortunas en caprichos como flores o joyas, en banquetes, fiestas, torneos y en todo tipo de manifestaciones de ostentación y lujo.

La novela está muy dialogada. Supongo que es una manera de hacer ágil un relato tan largo.

La novela histórica tiene que ser verosímil, y en ello se incluyen los diálogos entre los personajes. Esta novela tiene muchos, evidentemente recreados, pero siguiendo tanto la verosimilitud del relato como lo que yo he llamado “el espíritu de la época”. Y sí, una escena con diálogos suele tener más agilidad que la narración lineal, además, sirve para perfilar mejor y entender la psicología de cada personaje.

Fotografías
José Luis Corral

Carlos V se comportó como un rey medieval, como un verdadero caballero andante

Elogio de la Historia

José Luis Corral 01

Doy por hecho que va a seguir con esta serie. ¿Piensa llevarla hasta Carlos II? ¿Tiene ya pensados los siguientes volúmenes?

La idea inicial es escribir una saga sobre los Austrias, pero solo para el siglo XVI, es decir, hasta la muerte de Felipe II en 1598. Y sí, ya tengo estructurados el tercer volumen sobre los últimos años de Carlos V y dos más para el reinado de Felipe II, pero su edición dependerá de los lectores y de la editorial.

Antes que novelista, es usted profesor. Háblenos de su disciplina.

Para mí, la enseñanza de la historia es fundamental en el sistema educativo, pero una enseñanza crítica, no un adoctrinamiento como se suele hacer en España. La Historia, así, con mayúscula, como disciplina académica, es un arma ideológica formidable que debe ser usada para instruir y formar a ciudadanos libres, críticos y responsables, para abrir la conciencia y despertar el interés por comprender lo que somos gracias a que sabemos de dónde venimos.

La enseñanza de la historia es fundamental en el sistema educativo, una enseñanza crítica

José Luis Corral 02
XHTML Válido. Acceso al validador on-line. Ventana nueva AA CSS válido