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Tribuna Pública

Antonio Jiménez-Blanco Carrillo de Albornoz, Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Politécnica de Madrid

Recortes: las generaciones futuras como sujeto de cada vez más derechos

La palabra que más se emplea en estos tiempos de crisis es esa: recortes. Normalmente, con tono de denuncia, que en el discurso jurídico se expresa, frente a la limitación del gasto público, diciendo cosas como que “se me está privando de mis derechos adquiridos”, “la nueva norma es retroactiva y confiscatoria” y expresiones análogas.

 
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Son recortes de gasto público, en efecto, lo que (entre otras muchas cosas, por supuesto) se contienen en las normas, de ordinario Reales Decretos-Leyes, que se vienen aprobando desde el 30 de diciembre de 2011. Y a las decisiones coetáneas de los Gobiernos de las Comunidades Autónomas les resulta aplicable la misma -nada simpática- palabra.

En efecto, a nadie le gusta meter la tijera en ninguna partida de gasto público, y mucho menos en conceptos sensibles para unos ciudadanos que, al cabo, son también electores. Pero lo cierto es que la deuda pública está alcanzando en todos los países del sur de Europa, y no sólo en Grecia, unos niveles verdaderamente alarmantes: la capacidad productiva de España es la que es, y, si queremos que los acreedores nos presten dinero, tendremos que convencerlos de que vamos a estar en condiciones de devolvérselo. Y otra cosa: cuanto mayor sea el precio de ese dinero (la famosa “prima de riesgo”), tanto más nos va a costar honrar los compromisos de pago.

¿”Nos" va a costar? ¿Quiénes somos “nosotros”? ¿Los actuales habitantes de España –y electores y contribuyentes- o nuestros hijos adolescentes o incluso quienes aún no han nacido?

El concepto de sostenibilidad (esto es, la necesidad de tener en cuenta el largo plazo y el hecho -dramático- de que la nuestra es una vita brevis) se gestó, como es sabido, en las reflexiones sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente: las generaciones futuras emergieron como un nuevo sujeto de derechos –acreedores, en sentido literal, todo lo difuso que sea el radio subjetivo del concepto- frente a los actuales habitantes del planeta, que, en esa peculiar relación jurídica, seríamos los deudores: estaríamos sometidos a lo que en términos de Derecho Civil representarían mandatos “de no hacer”, o sea, de privarnos de todo aquello –emisiones de gases de efecto invernadero, por poner un ejemplo muy obvio- que, aun pudiéndonos dar satisfacción inmediata, en el sentido al menos de servir para la producción de bienes y servicios, tiene contraindicaciones muy serias para un porvenir más o menos lejano. El Art. 45 de la Constitución habla de la “indispensable solidaridad colectiva” como justificación de que la explotación de los recursos naturales haya de hacerse racionalmente, y de esa solidaridad forma parte, en efecto, la intergeneracional.

Pues bien, puede afirmarse que ese mismo planteamiento resulta extrapolable a lo económico y presupuestario. Endeudarse es magnífico (no se paga nada al contado) y por eso puede resultar indoloro, pero está el pequeño problema de que luego llegan las facturas y, además, con intereses. Que, para mayor inri, serán tanto más altas –no sólo en términos absolutos, sino también porcentuales- conforme se vaya incrementando el principal.

La solidaridad intergeneracional es, por tanto, un bien jurídico cada vez más importante y, desde luego, es lo que subyace a los nada simpáticos recortes. Exactamente igual (anteojeras ideológicas al margen) que cuando se trata de preservar el medio ambiente. También en lo económico son los miembros de las generaciones futuras -incluso los no nacidos- nuestros acreedores.

Tras la guerra fría no ha venido la paz, sino otros tipos de conflictos. El de civilizaciones es quizá el más ostensible (el viejo desencuentro entre el occidente cristiano y el oriente islámico), pero desde luego no el único. El choque entre generaciones (o sea, no en el espacio, sino en el tiempo) puede terminar siendo literalmente explosivo sin los -nada gratos, insisto, para los que estamos vivos hoy- recortes de gasto público.

Antonio Jiménez-Blanco Carrillo de Albornoz
fondo claro
 
Lo cierto es que la deuda pública está alcanzando en todos los países del sur de Europa, y no solo en Grecia, unos niveles verdaderamente alarmantes

 

 
La solidaridad intergeneracional es un bien jurídico cada vez más importante

 

 
También en lo económico los miembros de las generaciones futuras son nuestros acreedores

 
     

       
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